Crítica de "Mother Mary": sobran las metáforas ★★
“Tanta metáfora me ahoga”, afirma la Virgen María de las ídolos del pop. El personaje de Anne Hathaway denuncia lo que los diálogos de esta desconcertante película, que empieza como una pelea de gatas a lo Robert Aldrich (sin el paladar por lo feo y lo grotesco de aquel) y acaba como un cuento de fantasmas protagonizado por un vestido rojo (aquí hemos visto la subestimada “In Fabric”, de Peter Strickland), se empeñan en confirmar: que el cine de David Lowery, incluso en sus mejores momentos (las espléndidas “A Ghost Story” y “El caballero verde”), siempre ha sufrido mucho al tener que distinguir entre lo sublime y lo ridículo.
En “Mother Mary” la balanza de pagos se inclina hacia lo segundo, a pesar de que la singularidad de la propuesta -el reencuentro conversado entre dos amantes, una cantante pegada a un halo sagrado y una diseñadora de moda (Michaela Coel, algo irritante), que rompieron por causas enigmáticas, de repente asediadas por lo que parece el espectro de su dolor- despierte nuestras simpatías. A Lowery, que tiende a lo suntuoso en la puesta en escena, no parece preocuparle demasiado que la película, engolada y pagada de sí misma, sacrifique la emoción genuina en favor de una poesía mal entendida. Las insulsas canciones (una sorpresa que Charlie XCX esté implicada) tampoco ayudan a que esta sesión espiritista, disfrazada de ‘conversation piece’, nos seduzca.
Lo mejor:
Su elegante puesta en escena, tan majestuosa como barroca.
Lo peor:
Sus pretensiones poéticas pretenden enmascarar su escasa sustancia dramática.