Miquel Travé, campeón del mundo: "El violín lo dejé. Yo lo que quería era remar"
Miquel Travé (La Seu d'Urgell, 26 años) se convirtió en el primer palista español campeón del mundo en una modalidad de aguas bravas individual. Después de ser quinto en los Juegos de París y cuarto en el pasado Mundial, le salió por fin la bajada casi perfecta en un deporte en el que los errores se pagan caro. Responde a la entrevista a punto de ir al aeropuerto para regresar a España, pues la competición ha sido en Oklahoma. La medalla va con él en la mochila en el equipaje de mano.
¿Suele haber lío con las canoas para los viajes?
Sí, miden 3,5 metros de largo, y las aerolíneas suelen aceptar un máximo de tres. Pero esta vez tienen como un convenio con el COE, y al ser el sitio donde haremos los Juegos en 2028 [será una de las subsedes, aunque esté a 2.000 kilómetros de Los Ángeles], pues hemos podido hacerlo de forma directa. Si no, hay pocas aerolíneas que lo pillen.
¿Y cómo lo hacen?
Turkish Airlines, pero claro, a veces, pues yo qué sé, es Barcelona-Estambul, Estambul-Dallas... Tres horas para atrás y luego tres horas más para llegar.
¿Cuántas canoas o kayaks van?
Hoy viajamos entre todo el equipo, en el mismo vuelo, igual 20. Yo llevo dos distintas.
¿Son como un Fórmula 1, en el sentido de ir añadiendo mejoras?
Al final el modelo es el que es, pero nosotros dentro nos lo acolchamos a nuestra manera y a nuestra forma para ir cómodos y poderlo mover cómodamente. Es como un Fórmula 1 a nivel de que es individual y cada uno tiene el suyo con sus especificaciones, van saliendo poco a poco nuevos modelos de piragua, pero el modelo al final es el mismo para todo el mundo con tallas distintas y ya está.
Es campeón del mundo [en C1], han pasado ya unos días. ¿Cómo se siente?
La verdad es que bien. Poco a poco me voy dando cuenta de lo que significa. Al principio me costó un poco porque es algo que he buscado durante mucho tiempo y he tenido que procesarlo. Lo valoro mucho, creo que hemos hecho muy buen trabajo, pero esta es la primera competición clasificatoria para sacar la plaza para Los Ángeles, entonces queda mucho trabajo por delante y aunque esta competición haya ido muy bien, no hay que perder el foco de atención, que al final terminan siendo los Juegos.
"Después de los Juegos fue duro el golpe, pero vine con más motivación; el año pasado en el Mundial quedé cuarto y me volvió a doler, pero me he sacado la espina"
En París vivió la otra parte: quinto por tocar una puerta. Es un deporte que castiga mucho los errores.
Aquí cuando hay fallos, lo pagas caro, al final es una bajada de entre 70 y 90 segundos y hay muy poco margen; si cometes un error ya no hay tiempo, no es como en un partido de fútbol, en el que te han marcado, venga, va, concéntrate, que tengo 90 minutos por delante. Aquí si has cometido un error ya estás fuera, y además al ser aguas bravas es menos controlable. Pero bueno, a eso nos dedicamos también, a aceptar que este deporte no es el deporte más justo que existe, porque hay veces que puedes estar ganando todo y que no te salga, y puedes estar perdiendo todo y ganar el Mundial. Después de los Juegos fue duro el golpe, pero vine con más motivación; el año pasado en el Mundial quedé cuarto rozando las medallas y me volvió a doler un montón, y este año al final me he podido sacar la espinita.
En la pandemia también lo pasó mal...
Lo pasé mal, pero más que por el tema de la pandemia en sí y el confinamiento, porque no lo disfrutaba, no estaba remando bien, no estaba remando cómodo, y bueno, al aplicar varios cambios, empecé a encontrarlo mucho mejor, a disfrutarlo, a pasármelo bien, y eso me hizo volver a mi esencia y a lo que todo el mundo necesita para poder rendir y ser rápido.
Lleva el piragüismo en la sangre.
Sí, bueno, mi padre ya remaba cuando era joven, con el Club Cadí de la Seu d'Urgell, donde nací y he vivido siempre. Llegó a ser entrenador de la selección española, se fue a los Juegos de Atlanta 96 como entrenador, y aunque nunca llegó a competir en alto nivel, sí que cuando yo era pequeño, nos enseñó a mí y a mi hermana. De ahí he sacado una gran base de este deporte que me ha podido llevar hasta aquí.
¿Cómo era su infancia en la Seu?
Empecé con 8 o 9 años, tampoco muy pronto, pero con unos 8 años es cuando en este deporte la gente acostumbra a empezar. Fue un proceso yo creo que bonito, empecé con mi padre, luego con el Club Cadí, y fui creciendo hasta poder estar en la selección española júnior, luego en la sénior, y hasta aquí, de momento. Esperemos que siga muchos más años.
"Pau Echaniz [bronce en los Juegos de París] y yo hemos compartido mucho, empezamos juntos, nos llevamos muy bien y sabemos gestionar lo de ser rivales"
¿Practicó otras especialidades o siempre aguas bravas?
Bueno, hacía otras cosas, por ejemplo, también estuve jugando al fútbol durante un tiempo, pero al final lo que me gustaba mucho era estar en el agua. Me acuerdo que cuando era pequeño me pasaba horas y horas en el agua disfrutando, pasándomelo bien, también con mi compañero Pau Echaniz [medallista de bronce en K1 en los Juegos de París 2024]. Hemos compartido muchos, muchos años, desde que empezamos a remar, estar en el canal y jugar entre nosotros, disfrutando, remando por remar, y esto también nos ha dado un conocimiento y un aprendizaje de este deporte que no se puede conseguir solamente entrenando.
Son amigos desde críos.
Sí, sí, prácticamente empezamos juntos, él un pelín antes. Hemos ido muchos años de la mano, poco a poco, por el equipo júnior, el sub-23, el sénior...
¿Cómo llevan lo de ser rivales y amigos?
Muy bien, nos conocemos mucho, y al final sabemos que es un deporte individual, sabemos que cuando uno está feliz probablemente el otro no lo esté tanto, pero bueno, tenemos mucho respeto uno por el otro, y aparte también nos llevamos muy bien y sabemos gestionarlo muy bien.
"El violín lo dejé con 14 años. No lo he vuelto a tocar, no quiero perder el buen recuerdo que tengo de él"
Entre las otras actividades estaba el violín. ¿Lo sigue tocando?
Lo toqué igual 6, 7 u 8 años, y a los 14 lo dejé, porque, bueno, ya no me motivaba del todo. Yo lo que quería hacer era remar, era un chico que se movía bastante y necesitaba algo más activo. No lo he vuelto a tocar para no perder un poco el buen recuerdo. Yo creo que si lo pillara se me estropearía un poco la memoria que tengo del violín, así que no lo he vuelto a pillar. Aunque mi hermana es muy buena, toca muy bien el violín, nunca se lo he pedido, porque no quiero estropear el recuerdo.
Usted optó por la piragua y ella por el violín.
Sí, ella rema mucho, le encanta remar, pero no de competición, y ha tirado más por el violín.
Es un virtuosismo distinto con las manos.
No tiene nada que ver, lo que sí que requiere es paciencia. Eso sí.
Usted compite en canoa y kayak. ¿Es muy muy diferente?
No es completamente diferente, pero no puedes hacer el mismo planteamiento en cada bajada porque son modalidades distintas. El K1 es más agresivo, tienes una cuchara en cada lado, vas sentado, y como estás sentado tienes las piernas delante y eso hace que la punta de la piragua pese más, que reaccione distinto con el agua. Tienes dos cucharas en la pala, una a la derecha y una a la izquierda, y tienes que usarlas lo mejor posible. En el C1 vamos de rodillas y con una cuchara solo, entonces la punta es mucho más ligera, al final la postura y las paladas son muy distintas, no podemos palear de los dos lados, así que tenemos que gestionar un poco distinto la forma en que remamos. El C1 es más fino y el K1 es algo más agresivo, pero la verdad es que me gustan mucho los dos. Prefiero el C1, pero no dejaría ninguno.
¿Cómo se descifra el agua?
Nosotros, por ejemplo, a este Mundial venimos dos semanas antes de que empiece para conocer el canal artificial que hay aquí, para conocerlo de arriba a abajo. No sabemos el circuito en el que vamos a competir, sino que venimos y entrenamos todos los movimientos posibles, aunque es imposible hacerlos todos, pero intentamos tocar todos los movimientos de agua, las olas, los rulos, cualquier movimiento que haya, intentar entenderlo y saberlo; y entonces, el día de la competición, nos ponen un circuito, no lo podemos probar, y tenemos que bajar e intentar hacerlo lo mejor posible. Requiere un proceso de adaptación al canal, porque todos son muy distintos, de adaptación a los movimientos de agua y de conocimiento para poder estar ahí te pongan lo que te pongan.
"Contra el agua no debes luchar, tienes que descifrar la mejor línea para que te ayude"
A veces tienen que ir contra el agua y otras tratar de que sea su aliada para ir más rápido.
Están las contracorrientes, donde hacemos unas puertas rojas que se suben, y en mitad de la corriente unas verdes que se hacen en el sentido de la bajada. Hay momentos en los que cuando las cosas no salen hay que luchar un poco, pero luchar contra el agua es lento, entonces hay que intentar descifrar la mejor línea para poder ir a favor del agua y que el agua te ayude en cada movimiento, porque si no te ayuda y quieres ir todo de fuerza, el agua tiene mucha fuerza y no puedes ser rápido.
¿Se le dispara mucho el corazón en la bajada?
Depende. Yo lo que intento es relajarme bastante, pensar en lo que de verdad tengo que hacer, cómo tengo que ejecutarlo todo para bajar un poco pulsaciones antes de empezar, porque sé que una vez salga, de ahí para abajo sólo van a subir. Me interesa estar calmado, presente en el momento de cómo quiero ejecutar cada cosa y en caso de que algún movimiento de agua varíe un poco -porque al final en las aguas bravas es esto, el agua va cambiando y tenemos que adaptarnos con lo que nos encontramos-, pues estar ahí atento y presente. Con la experiencia creo que ya empiezo poco a poco a gestionar los nervios; es verdad que nunca sabes, igual vas a la siguiente competición y te encuentras muy nervioso, hay que gestionarlo y esto también es deporte de alto nivel.