Valeria Castro, cantante: «Hacer un parón parece un privilegio de los artistas, pero es una baja laboral»
Valeria Castro (La Palma, 1999) parece reír mientras habla. Seguramente está sonriendo. Atiende nuestra llamada desde la casa de sus padres, en la isla que la vio nacer, antes de tomar un avión a Madrid para subir a continuación a Huesca: este jueves 23 de julio es cabeza de cartel del festival Pirineos Sur, que este 2026 cumple ya 33 ediciones. La joven canaria que emigró a Madrid para estudiar y dejó la carrera de Biotecnología por la música, conserva el interés por la ciencia aplicado a las emociones: su profesión orbita entre el lado intuitivo –basado en el arte puro y el inconsciente– y uno muy pasional, que es hallar los porqués de nuestras emociones. En el incomparable escenario sobre el pantano de Lanuza, Valeria Castro se zambullirá en su último disco, «El cuerpo después de todo».
El año pasado tuvo que cancelar su concierto en Pirineos Sur porque falleció su abuela. ¿Qué representa para usted esta actuación?
Seguramente, este es el uno de los conciertos más especiales de mi año porque es una cuenta pendiente. El año pasado estaba todo acordado pero, en fin, todos somos seres humanos y a veces tenemos urgencias familiares. Este año me brinda la oportunidad de regresar a un escenario tan bonito y cerrar un círculo, así que muy feliz de poder ser parte otro año más de Pirineos Sur.
¿Le dedicará la actuación a su abuela?
Yo todo lo que hago lo dedico a mi abuela, así que este día, una vez más, será para ella también, por supuesto.
¿Cambia algo en el artista cuando se canta ante un escenario tan diferente a lo que es una sala normal de conciertos?
Yo creo que un artista intenta buscar en todos los escenarios aquella cosa especial que le agarre para sentirse cómodo. Pero, para mí, siendo de una isla muy verde y montañosa, rodeada de mar –aunque esto sea un lago–, el escenario de Lanuza me ha conectado con imágenes muy similares a las de mi infancia. Ahora mismo estoy en La Palma, en casa de mis padres y tengo el mar y la montaña enfrente; puedo rememorar cosas que me han servido para ser quien soy y creo que el público lo va a poder notar. Yo, por supuesto, lo voy a hacer.
«El cuerpo después de todo» es un disco más oscuro que el primero: habla de insatisfacción, soledad, reproche. ¿Qué canción le costó más terminar y por qué?
En el día a día, al preparar una gira o al preparar el disco, soy práctica. En el momento de componer, de crear una canción, soy muy, muy, muy intuitiva. A pesar de que escribo con lentitud, la mayor parte de estas canciones han sido muy rápidas, ha salido la intuición. No la más difícil, sino la que más me sorprendió y vertebró todo el disco, fue precisamente la de «El cuerpo después de todo». La escribí en tres horas en Ciudad de México y que ha sido el título de lo que tendría que defender. Cuando un artista hace un disco, tiene que elegir un nombre que comunique mucho y pueda defender durante los años siguientes.
«Mi música tiene una vena científica al margen de lo intuitivo y visceral de la industria»
Valeria Castro
¿Qué siente cuando compone un tema en un tiempo como récord y dice: «Encima está muy bien»?
Yo aún sigo empezando en esta industria y todavía no sé reconocer bien los sentimientos, para eso voy también a terapia. Viene visceralmente. Suelo escribir de un tirón y aunque me guste, dejo un tiempo para ver si me sigue gustando la canción. Pero con «El cuerpo después de todo» sentí que había encontrado el equilibrio, el punto medio entre el lenguaje y el inconsciente. Y supe que tengo un arma pudiendo manejar otro idioma muy distinto, hacer canciones.
Los artistas se desnudan mucho más de lo que suponemos con sus letras.
A veces me ha pasado que escucho canciones mías sobre una historia de hace 3 años y encuentro un trozo de mi propia historia en esa letra. Eso es lo que hacemos todos como oyentes, yo misma como oyente de otros artistas; ciertas frases, ciertos espacios en los que uno puede imaginarse su propia historia, encontrarse allí imaginar lo que estaba pasando la cabeza de quién canta.
Dejó la carrera de Biotecnología por la música. ¿Hizo lo correcto?
He intentado toda mi vida no valorar las cosas como correctas o incorrectas, sino según lo que he conseguido avanzar con ellas. Si correcto es que me hace feliz, sí, porque me siento completa como persona y eso ya es suficiente. Pero estoy muy agradecida a mi vida estudiantil, porque me conecta a una realidad que vivimos muchos jóvenes: irnos a estudiar fuera, y como persona te nutre.
¿Aplica algo de sus estudios a su profesión?
Tengo una parte de intentar analizar el cerebro humano, intentar entender cómo nos sentimos, entroncando con la psicología. Creo que sí, hay una vena científica mía que quiere entender por qué lloramos, por qué sentimos, vivimos como vivimos las emociones al margen de lo intuitivo y lo visceral que la música siempre tendrá.
Estoy empezando en la música y aún no reconozco bien los sentimientos, por eso voy a terapia»
«Valeria Castro
¿Qué clase de artista cree que es?
Mi objetivo siempre ha sido que se vea bien claro que el artista es una persona y no un disfraz, no una careta que me podía haber puesto pero que no quiero hacerlo: quiero ser la versión más transparente y honesta de mí misma y normalizar un trabajo que a veces te pone en un pedestal. Yo quiero ser simplemente una persona, un ser humano canal de las emociones de todos y todas.
El año pasado habló abiertamente de agotamiento y salud mental, y paró la gira dos meses. ¿Qué ha cambiado en su rutina de trabajo para no volver a llegar a ese punto?
El primer pensamiento que me ha venido al escuchar tu pregunta es contarle absolutamente todo lo que siento y toda la verdad a mi psicóloga. No hay que dejarse nada el tintero. A veces intentamos tapar emociones y cuando una está en terapia debes ser completamente honesta para poder abordar los problemas de desde la raíz. También asumir que la ambición no puede hacer desmedida; no va de conseguir sino cumplir con el objetivo primordial que es disfrutar, entender que no debemos pretender cumplir expectativas de nadie.
No es la primera que hace un parón en su carrera.
A veces suena como un privilegio de los artistas el dejar de trabajar. Pero yo lo veo como lo que es: una baja laboral. Ese privilegio está solo en manos de unos pocos, y yo estoy hablando de derechos laborales de todo el mundo: si no podemos ejecutar nuestro trabajo por lo que sea, tenemos que atajar esos problemas. Me gusta que con 27 años me haya podido dar cuenta de eso. Tras la baja laboral sigo cumpliendo con mi objetivo y mi propósito ahora mismo, que es el de disfrutar y provocar emociones desde el escenario. Somos seres humanos, cada uno ocupamos nuestro espacio, pero sin idolatrías raras que no nos vienen bien a nadie.
Hábleme de Valeria y el amor.
En algunas de mis canciones hay historias de amor; soy una persona que, con tanto cariño que recibe alrededor, valoro mucho el amor, no solo el romántico, sino el que tengo en mi entorno y con eso me sobra y me basta. No podemos poner un protagonismo solo en lo romántico, sino repartir el amor entre la gente que nos hace sentir bien.
¿Quién es Valeria Castro fuera del escenario? Como cantó Perales, ¿a qué dedica su tiempo libre al margen de la música?
Soy muy rata de biblioteca. Leo mucho. Mi autora favorita es Delphine De Vigan y llevo un año y pico fascinada con ella. Acabo de leer ‘Han cantado bingo’ de Lana Corujo y del otro lado del Atlántico me quedo con el chileno Alejandro Zambra.
Premio Ondas a Fenómeno Musical del Año, tres Premios de la Música Independiente (MIN), Premio Música y Cultura de Canarias, nominada en los Grammy Latinos y en los Goya... ¿Cuáles son sus sueños más inmediatos?
Pues… Ya no pasan por el reconocimiento, que los agradezco en el alma, de hecho, ahora mismo estoy hablando contigo sentada en el salón de casa de mis padres y tengo enfrente el premio Ondas. Lo dejé aquí para que ellos lo tuvieran y yo, tener los pies en la tierra cuando esté por Madrid. Mi sueño más inmediato es hacer un nuevo disco así en los próximos meses del que me sienta más yo que nunca, orgullosa y humana de ser portavoz de emociones humanas que la gente necesite escuchar en canciones.