El día que millones de surcoreanos entregaron sus joyas para evitar la bancarrota del país
En 1998, Corea del Sur vivió una de las mayores movilizaciones ciudadanas de su historia. Más de 3,5 millones de personas entregaron alianzas, medallas, pulseras y otros objetos de oro para ayudar al país a afrontar la grave crisis financiera asiática y contribuir al pago de parte de su deuda exterior.
La campaña comenzó el 5 de enero de 1998, cuando miles de ciudadanos hicieron cola ante seis bancos con joyas y recuerdos familiares que llevaban años guardados en sus casas. Solo durante esa primera jornada se registraron 44.748 entregas, que sumaron más de 3.300 kilos de oro.
Poco antes, Corea del Sur había acordado un rescate de 58.000 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y necesitaba conseguir divisas para hacer frente a sus compromisos internacionales.
En ese contexto, la televisión pública KBS impulsó una iniciativa que convirtió el oro de los ciudadanos en un símbolo de apoyo al país. Aunque en un principio estaba prevista como una acción breve, la respuesta fue tan masiva que la campaña acabó prolongándose hasta el 30 de abril.
En los dos primeros días participaron cerca de 500.000 personas; el 15 de enero se alcanzó el millón y, antes de finalizar ese mes, 1,67 millones de surcoreanos habían entregado alguna pieza.
Al término de la campaña se habían reunido alrededor de 227 toneladas de oro, valoradas entonces en unos 2.130 millones de dólares. En total participaron 3,51 millones de personas, una cifra equivalente aproximadamente al 23 % de los hogares del país.
Joyas familiares, alianzas y anillos infantiles
La mayoría de las piezas procedían de familias corrientes. Recién casados entregaron sus alianzas y numerosos padres se desprendieron de los dol-banji, anillos de oro de 24 quilates que los niños coreanos reciben al cumplir un año como símbolo de protección y prosperidad.
También se depositaron insignias militares, regalos familiares e incluso medallas olímpicas. Entre las figuras públicas que participaron estuvo el cardenal Stephen Kim Sou-hwan, quien entregó la cruz de oro que había recibido en 1969 al ser nombrado cardenal.
Sin embargo, no todas las entregas fueron donaciones en sentido estricto. Los bancos compraban el oro a un precio fijado y pagaban su valor en wones. Después, las piezas se fundían y se vendían en los mercados internacionales. Muchos ciudadanos aceptaron menos dinero del que podían haber obtenido por sus joyas y otros, como el cardenal Stephen Kim Sou-hwan, renunciaron por completo al pago.
La iniciativa tampoco surgió de la nada. En noviembre de 1997, antes de la firma del acuerdo con el FMI, la Asociación Central de Mujeres de Saemaeul ya había impulsado una campaña patriótica de recogida de anillos.
La movilización evocaba además otro episodio de la historia coreana: en 1907, ciudadanos del entonces Imperio coreano intentaron reunir fondos para pagar una deuda con Japón equivalente a casi un año del presupuesto nacional.
Un impacto económico limitado, pero un enorme valor simbólico
Pese a la magnitud de la campaña, el dinero obtenido representaba solo alrededor del 3,7 % del rescate acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Por sí sola, la recogida de oro era insuficiente para sacar al país de la crisis.
Su principal impacto fue simbólico. Las imágenes de millones de personas haciendo cola para entregar objetos de gran valor sentimental mostraron que una parte importante de la población estaba dispuesta a asumir sacrificios personales para contribuir a la recuperación.
El oro fue fundido, convertido en lingotes y vendido en los mercados internacionales. Los dólares obtenidos se destinaron a cubrir una parte de las obligaciones exteriores del país.
La recuperación económica también dependió de las reformas impulsadas tras el rescate, entre ellas la reestructuración de grandes empresas, la apertura a la inversión extranjera y cambios en el mercado laboral. Corea del Sur terminó de devolver el préstamo en agosto de 2001, casi tres años antes de lo previsto.
Aunque no bastó para superar la crisis financiera, la campaña del oro pasó a la historia como uno de los mayores ejemplos de movilización ciudadana de Corea del Sur.