La portentosa actuación de
Orjan Nyland en el duelo de octavos de final contra Brasil quedó eclipsada por la gigantesca figura de
Erling Haaland. El delantero del Manchester City transitó por el partido en un discreto segundo plano, haciendo el trabajo sucio de desgaste contra
Gabriel Magalhaes y
Marquinhos y agazapado a la espera de su oportunidad. Cuando emergió con un doblete letal finiquitó las esperanzas del grupo de
Carlo Ancelotti, víctima de nuevo de su falta de juego y de la ansiedad que le persigue en los Mundiales desde que levantó el último en Core y Japón 2002
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