Hasta aquí llegó Cristiano Ronaldo. O no, quién sabe. Tal vez ni siquiera él lo tenga claro aún. Pero será difícil volver a verlo en un Mundial. España lo jubiló de estas lides después de una eliminatoria táctica y muy igualada en la que el astro portugués pasó bastante desapercibido. Una sombra de lo que un día fue. Sin velocidad, regate ni mordiente. Por momentos, incluso sin saber bien qué hacer con el balón. Su partido, insulso, no bastó para enviarlo al banquillo, lo que en parte explica la escasa producción ofensiva de una Portugal que lo tuvo como principal referencia: ocho remates totales, solo dos a portería. Ambos, eso sí, obra del jugador del Al Nassr. Pasan los años y la estampa no cambia. En cuanto aparece la imagen de Cristiano en los videomarcadores, un murmullo de admiración recorre el estadio de arriba abajo. No es distinto en Dallas, donde nadie iguala en aclamación al 7 de Portugal, salvo Lamine Yamal. «La leyenda y el futuro», reza una de las pancartas que asoman entre las gradas. El jolgorio no altera las rutinas de Cristiano durante el calentamiento. Tiene por delante, aunque aún no lo sabe, su último partido en el Mundial. Puede que también sea el último con la selección portuguesa. Como en los anteriores encuentros, vuelve a ocupar la posición de delantero centro, el hombre más adelantado del equipo. Sus 41 años ya no le dan para someter por velocidad. Tarda en entrar en juego. Lo hace con un toque de pecho hacia atrás para asociarse con Joao Neves. Sin balón, le toca emparejarse con Laporte y defender la salida de balón del central del Athletic. Enseguida se cansa de verse como un islote en el océano y empieza a retrasar cada vez más su posición para participar. Su primer disparo llega en el minuto 12, un trallazo cruzado que repele Unai Simón. Antes, reclama un penalti por un agarrón de Rodri a la salida de un córner. Aún tiene una más: un remate de media chilena tras un rechazo de Unai Simón. Reacciona bien el guardameta, recordman mundialista en porterías a cero, y Cristiano se lamenta por lo que habría sido un gol precioso. Esa última acción se produce después de un tramo de claro dominio español. Esos buenos minutos de los chicos de Luis de la Fuente provocan la reacción de Cristiano, que eleva los brazos y reclama algo indefinido a sus compañeros. Es una primera parte, en general, bastante floja para alguien como él, que en todo caso guarda pocos buenos recuerdos de sus enfrentamientos con España. Quizá solo el triplete que anotó en la fase de grupos del Mundial de Rusia; la victoria del año pasado en la Nations League llegó sin él en el campo, sustituido antes de la prórroga. Tras la reanudación, trata de mejorar con una conducción en velocidad en la que consigue irse de dos defensores antes de que Oyarzabal le rebañe la pelota. Justo después llega su tercer remate, de nuevo tras una asistencia de João Félix. Cristiano llega algo forzado al segundo palo y no logra dirigir el balón a portería. A un cuarto de hora del final, España vuelve a tomar el mando. Ya no está Joao Félix. Tampoco Nuno Mendes, lesionado. Y a Cristiano le toca ayudar en defensa en el costado izquierdo. Se suceden los cambios en Portugal y Bob Martínez mantiene a Cristiano en el campo, en una decisión que parece tener más que ver con la jerarquía del capitán que con su rendimiento. Merino marca y Portugal se lanza al ataque en busca de un empate que no llega. Ni siquiera las últimas ocasiones de los lusos son suyas. Acaba el partido y Cristiano mira al frente mientras abraza, uno por uno, a los rivales. Es otra oportunidad perdida. La última. Terminará su carrera sin un Mundial. Al abandonar el campo, por fin brotan las lágrimas en su rostro y empieza a recordar. Son seis Copas del Mundo, 27 partidos y once goles. Una trayectoria de veinte años que mereció el aplauso del público de Dallas al verlo tan emocionado.