La historia de Daniela Campos: estudió y compró casa gracias a la recolección de residuos; “Lo que algunos ven como basura lo vemos como oportunidad”
Cuando el abuelo de Daniela Campos Guillén comenzó a trabajar en recuperación de residuos sólidos, la situación era muy diferente a la que su familia vive actualmente.
Hoy, ellos tienen el Centro de Acopio J y D, en Santiago del Monte, en San Diego de La Unión, donde emplean a 18 personas, pero cuando su padre Jairo y su abuelo Alfredo comenzaron, la situación era muy distinta.
“Todo inicia con mi abuelo. Mi abuelo recuperaba. Su fuerte era el vidrio (...). Mi papá creció y fue su único oficio, hoy me acompaña desde el cielo. Y él me metió en esto”, comentó la joven durante una entrevista en el Foro Residuos Cero, que La Nación realizó el pasado 26 de junio.
“En los inicios, mi papá trabajaba directamente en el botadero. Él seleccionaba los residuos en el botadero. Mucho tiempo después le dieron su local. Ahora la situación es diferente, mis compañeros de trabajo tienen un techo, un comedor”, rememoró.
Hoy, el centro de acopio como tal ya tiene 14 años de funcionamiento.
“Mi papá nos sacó adelante a mí, a mí mamá y a mi hermano de esta manera. Me pagó mis estudios. Compramos casa, y todo eso con los residuos. Lo que alguna gente ve como basura nosotros lo vemos como oportunidad, como algo de provecho”, enfatizó.
Sin embargo, destacó que todavía hay botaderos clandestinos en donde las personas buscan recuperar residuos para subsistir.
¿Qué se encuentran en el centro de acopio?
Campos manifestó que a J y D llega “de todo”, y en eso va la cultura del costarricense, que puede ser muy responsable, pero en ocasiones le deja el trabajo difícil a los demás.
La joven señaló que hay personas muy educadas que entregan sus residuos bien separados, en bolsas diferenciadas, lavados, secados y rotulados. No obstante, esto no se observa en muchos casos.
“Nos ha tocado abrir bolsas con desechos no tan agradables: basura de sanitarios y hasta animales muertos. Muchas veces generalizamos y decimos ‘es basura, no sé qué hacer con esto entonces voy a irlo a dejar a la recicladora y que ellos vean a ver qué hacen’. Lo del animal muerto fue hace unos días y sí impactó“, comentó.
Ahí se traza también una labor educativa.
“Las personas creen que porque somos un centro de acopio estamos obligados a recibir lo que nos traiga como lo traiga. Y detrás de cada bolsita está el trabajo de compañeros y compañeras, pero el trabajo se complica si las bolsitas vienen sucias y con desechos mezclados”, destacó.
Trabajo minucioso
En el centro de acopio los materiales recorren un camino muy diferente según su composición.
El material orgánico se lleva a una planta donde se transforma en abono.
Los materiales valorizables (o reciclables) se clasifican, se compactan y se llevan a otros centros donde son aprovechados.
Incluso, si las personas no pueden separar los materiales, hay trabajadores del centro de acopio que se encargan de clasificarlos, compactarlos y disponerlos.
Además, se recupera y revaloriza lo que las personas no imaginan, como la ropa.
Apoyar a las jefas de hogar
Dentro de quienes trabajan en J y B hay un grupo de mujeres que trabajan directamente con las municipalidades en el enlace con el centro de acopio.
La mayoría son madres solteras que tienen a sus hijos en alguna red de cuido.
“Nosotros les damos la flexibilidad de horarios según lo que necesitan. Ellas llegan, separan su material, y nosotros el fin de semana les pagamos el material seleccionado”, expuso la joven.
“A una mamá soltera le cuesta un poco más conseguir trabajo. También pueden tener eventualidades como la enfermedad de un hijo. Y no siempre tienen quien los cuide. Les damos tiempo de estar con ellos si hay reuniones de escuela, citas médicas, actividades especiales. Les ayudamos porque sabemos que es importante para ellas tener un trabajo”, agregó.
Daniela subrayó que quienes todavía no separan los residuos tienen una oportunidad para comenzar, y dar un giro, no solo por el ambiente, también para apoyar a personas que requieren un trabajo estable y con flexibilidad.
“Detrás de todo esto hay familias que comen, y personas que sacan adelante a sus hijos y padres adultos mayores que pueden salir adelante gracias al reciclaje”, concluyó.