Ascenso y caída de Pecho de Rata, el narco que construyó un imperio en Cahuita
Edwin López Vega nunca caminaba solo. Siempre lo acompañaba algún allegado suyo, o alguien que hubiese conocido en los negocios de narcotráfico por los que acumuló dos sentencias en Costa Rica. Viajaba también con un bolso repleto de billetes. Los sacaba, uno por uno, sin mayor temor. Los volvía a guardar ahí mismo si no los necesitaba.
Tenía mucho poder y lo sabía, por eso, quizás, el miedo lo invadía muy poco y ni siquiera escondía sus ganancias, al menos en los últimos años. “Era muy creído, siempre, un fanfarrón, un agrandado”, así lo describió a La Nación un hombre que llegó a conocerlo de cerca, vecino de la provincia del Caribe.
De todo opinaba, aun cuando nadie le preguntaba, y preguntaba mucho, porque todo lo quería saber. “Chismoso”, agrega este sujeto, quien de inmediato reconoce que López era también muy popular.
“Bocón”, dice otro hombre que también lo conoció y accedió a conversar con este medio. Recuerda que en los últimos años llegó a acumular tal cantidad de dinero que “alardeaba” que recibía entre $150 y $200 millones por año.
“Tenía los contactos necesarios para manejar las policías administrativas. En Cahuita se hacía lo que él decía”, contó uno de estos hombres. A López Vega, además de Pecho de Rata y Diosito, se le conoce también como el Rey de Cahuita, El Señor y el Zar del Sur, como le gustaba que le dijeran.
Las identidades de las fuentes consultadas para este artículo se resguardan por su seguridad.
Del narcomenudeo al imperio
En las últimas dos décadas, López pasó solo cinco años en libertad. Durante ese tiempo aprovechó para aumentar su poderío, pero su crecimiento ocurrió desde el interior de la cárcel. Esta fue su escuela y él mismo la dominaba.
Caminaba por las celdas de la prisión de Limón y también de La Reforma con cadenas de oro colgadas del cuello y, con teléfonos celulares, manejaba el exterior sin mayor obstáculo, afirman los informantes.
Desde la década de los noventa ya se comenzaba a rumorear en el Caribe sobre la capacidad adquisitiva de este hombre regordete y de piel morena y dorada por el sol. En aquella época, supuestamente, se dedicaba a la pesca; pero todo quedó en rumores.
Sin embargo, quienes aún hablan de él, protegidos por el anonimato, sostienen que a inicios de los 2000 se interesó por el negocio de la droga y sus primeros pasos los dio en el barrio Pacuare, en Limón. Allí también vivía su madre, una mujer “humilde”, contó un hombre cercano.
Habría iniciado como lo hacen muchos, con el tráfico local a pequeña escala. “Era muy inteligente, muy chispa para los negocios”, y también se presume que desde sus inicios prestaba dinero.
Dio un paso más adelante cuando habría comenzado a financiar operaciones narco en la zona y la logística criminal para llevar combustible al mar, así como apoyar a las embarcaciones que salían o entraban al país con cargamentos.
Así se fue acomodando en el negocio, hasta que asumió el trasiego.
Su nombre aparece por primera vez en los registros del narcotráfico cuando cayó en un operativo policial con 200 kilos de marihuana, en 2004. López tenía entonces 27 años.
Para ese momento ya manejaba cantidades importantes de droga, pero no ostentaba mayor poder y su presencia todavía no imponía como eventualmente llegó a suceder, dijo un vecino de Limón.
Por esta causa, López empezó a descontar una pena de 10 años de prisión el 17 de mayo del 2004 en el centro de atención institucional Sandoval (Limón) y salió el 14 de agosto del 2011 de la cárcel de Pococí.
Fuentes confirmaron que, a partir de esa primera salida de prisión, López se fortaleció y se mudó formalmente a Cahuita. Comenzó a comprar propiedades hasta formar “un imperio grandísimo”.
“Siempre ha mantenido grandes cantidades de drogas, y eran de él. Nunca ha tenido ninguna reserva. Manejaba el negocio a gran escala, y fue surgiendo”, agregó el informante.
López invirtió en restaurantes, carros de lujo que incluso conducían algunos de sus familiares, organizaba conciertos en la zona, adquirió “los mejores” terrenos en Cahuita y hasta llegó a presidir el equipo de fútbol de ese pueblo caribeño.
El sujeto comenzó a adueñarse de la zona hasta que fue detenido por segunda vez el 22 de enero del 2014, cuando encabezaba una caravana de tres vehículos Toyota que se dirigían hacia el centro de Limón a toda velocidad.
El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) lo aprehendió cerca del aeropuerto local y, en los dos carros que seguían a López, los agentes encontraron 364 kilos de cocaína.
Fuentes cercanas explicaron que la Administración para el Control de Drogas (DEA) fue quien alertó a las autoridades nacionales sobre la movilización de este cargamento y, durante el juicio, se evidenció que ya para ese momento Estados Unidos lo tenía en la mira.
Para entonces, Gerald Campos, el ahora ministro de Seguridad, quien entonces fungía como subdirector del OIJ, afirmó que el despegue económico de López fue “gigantesco”: licoreras, tiendas, embarcaciones artesanales de lujo, canchas sintéticas.
Campos consideró que era “desproporcionado” para una persona sin oficio conocido y que incluso estuvo siete años en prisión.
“Para 2014 ya tenía su fama, no como ahora, pero ya tenía su fama. Movía droga en camiones de madera, entre tierra, cuartilla y ese tipo de material”, dijo una fuente.
A López le “incomodaba” que le llamaran Pecho de Rata, confesó uno de estos sujetos que llegó a conocerlo. El exconvicto estimaba que era un apodo despectivo y por eso “nadie se lo decía de frente”.
Eventualmente, quizás hizo las paces con ese seudónimo, pues en una corta intervención policial en años recientes, en Moravia, él mismo se identificó así ante la Policía Municipal.
En diciembre del 2014, el Tribunal de Juicio de Limón lo condenó a 17 años de prisión por drogas. En esa sala de juicio, en la que escuchó el fallo, se percibía “absolutamente tranquilo. Sabía que estaba condenado”, dijo una fuente.
Salió de prisión en diciembre del 2023, menos de 10 años después de recibir la sentencia. “La segunda vez, desde celdas, siguió operando. Tenía teléfonos en la cárcel y con eso manejaba el mundo externo. Ahí todo el mundo le hacía caso”, dijo otro de estos hombres.
Su salida significó un crecimiento económico aún mayor. López comenzó a incursionar en el desarrollo ganadero, trabajó junto a sus hijos en la construcción de un redondel en Cahuita e invirtió millones en comercio, un gimnasio, complejos habitacionales, un depósito de materiales de construcción y adquirió propiedades a través de testaferros, según los informes policiales.
La DEA sospecha que, en Sixaola, habría comprado una propiedad con el fin de construir una pista de aterrizaje clandestina.
“Llegó un momento en el que el capital era monstruosamente grande”, dijo una fuente cercana al caso. “Empezó a invertir en todo lo que le pudiera significar lavado de dinero”, añadió.
Uno de estos sujetos que lo conoció afirma que López llegó incluso a ser muy cercano a varios narcotraficantes de la zona. Tenía contacto directo con el prófugo Alejandro Arias, alias Diablo, y sobre ello también alardeaba. “Él tenía mucho dinero para poder darse esos lujos de tener alianzas y convenios con narcos”.
Así lo acreditó en agosto del 2025 el Departamento del Tesoro de Estados Unidos cuando lo incluyó en la lista de la OFAC. A este hombre lo describió como ”la única fuente conocida de suministro” de drogas para alias Diablo. También lo vinculó con el exmagistrado Celso Gamboa, con quien, según Estados Unidos, López blanqueaba dinero y colaboraba para traficar cocaína.
Además, el expediente del Caso Riverside, que permitió desarticular el clan narco que presuntamente comandaba en Cahuita, adjunta conversaciones de López y Gamboa que evidencian familiaridad y cercanía.
Gamboa, extraditado con el limonense, en marzo pasado, lo aconsejaba para que no lo atrapara la policía y era frecuente que departieran en actividades sociales, según las fotografías recuperadas en el celular de Pecho de Rata.
El Ministerio Público confirmó que, en el marco del proceso de extradición, las autoridades estadounidenses no solicitaron el decomiso de ningún bien a López.
Sin embargo, tras los allanamientos del martes anterior, las autoridades costarricenses anotaron fincas, hoteles, restaurantes, vehículos de alta gama y joyas.
Su extradición
Un mes antes de su detención con fines de extradición a Estados Unidos, el sujeto fue interceptado por las autoridades en Curridabat cuando llevaba ¢3 millones en un vehículo BMW cuya procedencia no pudo justificar. El 23 de junio, saliendo de un restaurante en Cahuita, se concretó su última aprehensión.
EE. UU. lo señala como responsable de conspirar para fabricar y distribuir cocaína “sabiendo que sería importada a Estados Unidos”.
La pieza acusatoria señala que, desde 2008, estando preso, López habría participado en una conspiración para traficar cocaína también a países como Colombia, Panamá, Guatemala y México.
Pecho de Rata permaneció en Máxima Seguridad de La Reforma a la espera de su traslado y un allegado suyo afirma que desde ahí “seguía manejando el exterior” y el expediente lo confirma. Apenas necesitó una semana en convencer a oficiales penitenciarios para que le prestaran sus teléfonos celulares y seguir comandando operaciones desde su celda.
El exconvicto abordó, a sus 49 años, el avión King Air que lo llevó hasta Dallas, la mañana del 20 de marzo del 2026, en medio de un fuerte operativo policial.
Fuentes consultadas afirman que estaba acostumbrado a la privación de libertad y tal vez no sentía mayor incertidumbre. Sin embargo, manifiestan su preocupación sobre lo que sucederá en Cahuita ahora que está recluido en el extranjero.
No descartan que continúe teniendo algún tipo de injerencia en Costa Rica, aunque sin duda su imperio se desmorona. ¿Quién tomará esa vacante?