Miss Alajuela y el Corazón de Jesús
Bajo una intensa lluvia de mangos, tan alegórica como viral en redes sociales, la semana alajuelense cierra hoy, domingo 28 de junio, con la centenaria Procesión Jurada al Sagrado Corazón de Jesús, a las 10 de la mañana.
Más que a san Juan Nepomuceno y a la Virgen del Pilar, que han sido los titulares en la Catedral, los abuelos y abuelas alajuelenses han tenido, desde hace muchas décadas, especial vínculo con el Corazón de Jesús, a quien le han agradecido su intervención contra plagas agrícolas y pestes: desde la fiebre amarilla y la “gripe española” hasta la temible poliomielitis.
El Corazón de Jesús es tan alajuelense para los alajuelenses que cuenta con una iglesia parroquial, una procesión jurada y presencia constante de imágenes en las casas, sin contar la que está a la entrada del Mercado Municipal.
Tertuliando con mi madre y haciendo sobremesa, salió esta vieja anécdota de finales de los años 50: la vez que una futura Miss Alajuela tuvo que encarnar al maestro de Galilea, ya que ningún hombre quiso salir a representarlo.
Aquel año, los vecinos se organizaron para decorar estaciones con temas bíblicos a lo largo de la ruta de la procesión jurada al Corazón de Jesús.
En la tienda “Novedades Irma”, ubicada diagonal a la esquina sureste de la Catedral, se reunió el comité y allí acordaron que su estación representaría el encuentro entre Jesús y la samaritana, lo que implicaba construir un pozo.
De inmediato, se empezó a buscar a Jesús, pero no hubo candidatos. Tampoco fue fácil encontrar a la samaritana, hasta que finalmente una vecina aceptó.
¿Pero a Jesús? ¿Quién lo encarnaría? Ya que los hombres no aceptaron, se empezó el casting entre las mujeres. Una adolescente llamada Sonia finalmente aceptó: “¿Quién dijo miedo?”, expresó la muchacha, y hubo que correr un poco para transformarla en Jesucristo.
El encargado de obrar el milagro fue Miguel Saborío, emblemático peluquero alajuelense, quien ha sido estilista de actores y actrices durante años.
Llegó el día de la procesión y, mientras unos vecinos ponían los últimos ladrillos para el pozo, aprovechando una jardinera redonda que había en el terreno de la parroquia, la samaritana probaba diferentes ánforas que hicieran juego con el vestido. Entretanto, Miguel Saborío le acomodaba los colochos a Sonia, quien ya vestía la túnica del Maestro.
Pom… pom… se oían los tambores de la procesión con la aureola del Corazón de Jesús despuntando por una esquina a las tres cuadras de la estación y con los chiquillos vestidos de angelitos bamboleándose de un lado al otro, con el pelo pegado en la frente por el sudor de aquella ardiente Alajuela.
“Ya viene la procesión. Hay que ponerle la barba a Sonia”, le dijeron a Miguel, quien rapidito untó goma de almidón y quién sabe qué menjunje en el pelo con el que iban a darle el toque final al Jesucristo femenino.
Pom… pom… se oía cada vez más cerca la procesión, y la samaritana, bien sentada con el ánfora en la mano, volteaba a ver con angustia hacia “Novedades Irma”, desde donde Jesucristo debía salir, pero por ningún lado aparecía.
“¿Qué pasa con Jesús?”, preguntaba mi madre.
“No le pega la barba; se le cae”, decía Miguel Saborío, quien a duras penas pudo arreglar el asunto y dejar a Sonia junto al pozo justo en el momento en que pasaría la procesión.
La estampa, cuenta mi madre, quedó digna de una pintura y despertó la envidia de aquellas que habían despreciado el casting para representar al Maestro.
Cuentan que no mucho tiempo después Sonia, ya sin barba, ganó el concurso de Miss Alajuela y rompió más de un corazón hasta que, gracias al certamen de belleza, se dio el lujo de elegir con quién casarse.
Irma, la dueña de la tienda, aprovechaba entonces para restregarles el hecho a las que habían despreciado salir de Jesús:
“Ustedes, ni novio tienen… y miren a Sonia, a quien ya le propusieron matrimonio y se casa en diciembre… por haber ayudado en la procesión del Corazón de Jesús”.
A mí, esta anécdota me causa risa, pero también percibo un pequeño guiño de picardía en el detalle de la urgencia: qué tremendo Jesús, que por algo no se dejaba poner la barba. Es que, como los hombres no quisieron ponerse en sus sandalias, yo creo que Él se rió de ellos, para homenajear a las mujeres. Quién sabe… eso hubiera sido picardía manuda. Pero, a lo mejor, sí es cierto que el Corazón de Jesús es alajuelense…
Ah, y se me olvidaba, quien salió de samaritana también se casó en aquel mismo diciembre… por aquello.
rgonzalez@utn.ac.cr
Rodolfo González Ulloa es periodista, investigador histórico, docente y cuentacuentos.