Resulta cansino tener que salir cíclicamente a defender que ya es hora de que eliminen ciertos estereotipos de los andaluces. No vamos a entrar en la absurdez de la siesta —me he echado algunas con amigos de otras comunidades y me han ganado por goleada—, ni en el prototipo de la sirvienta, de la muchacha, aunque podríamos. Son dos aspectos que, afortunadamente, cada vez se escuchan menos, a pesar de que todavía queda algún rezagado que, por falta de formación, educación o gracia aún suelta la paparruchada de turno. Pero sí conviene hacer hincapié en nuestro acento. O más bien, en el respeto que merece, que no debe ser ni más ni menos, sino el mismo, que el del resto...
Ver Más