Científicos exigen más estudios sobre efectos biológicos de la tecnología inalámbrica
El debate científico sobre los posibles efectos biológicos de los campos electromagnéticos (EMF) y las tecnologías wireless vuelve a ganar atención internacional. Durante el reciente Congreso Internacional de Medicina Ambiental celebrado en la Universidad Complutense de Madrid y organizado por la Fundación Alborada, el bioquímico estadounidense Martin L. Pall defendió la necesidad de revisar los actuales estándares de exposición y profundizar más en los mecanismos biológicos asociados a la hipersensibilidad electromagnética y otras enfermedades crónicas.
El especialista centró parte de su intervención en el síndrome de hipersensibilidad electromagnética (EHS), una condición controvertida en el ámbito médico, pero que algunos investigadores vinculan con la exposición a determinados campos electromagnéticos generados por tecnologías inalámbricas.
Según explicó en entrevista a La Razón, los EMF activarían “cuatro diferentes proteínas quinasas” que modifican los canales de calcio acelerados de las células, aumentando su sensibilidad y actividad. “Esa es la causa fundamental básica de la EHS”, sostuvo.
El investigador señaló además similitudes entre la hipersensibilidad electromagnética, el síndrome de fatiga crónica y la sensibilidad química múltiple, al considerar que comparten mecanismos celulares relacionados con alteraciones del calcio intracelular.
“Ambos tipos de estresores producen exceso de calcio en las células y es ese exceso el que produce la mayoría de los efectos que se ven”, explicó en referencia tanto a los agentes químicos como a los campos electromagnéticos. A su juicio, estas interacciones pueden actuar con sinergia, agravando los síntomas cuando se combinan distintos factores ambientales.
En el centro del debate actual aparece el despliegue de redes 5G y el crecimiento acelerado de dispositivos wireless. El investigador sostuvo que las comunicaciones inalámbricas utilizan campos electromagnéticos “coherentes” que generan fuerzas eléctricas y magnéticas capaces de producir efectos biológicos.
“Con la 5G, tienes niveles extraordinarios de pulsación y las pulsaciones hacen a los EMF mucho más activos biológicamente”, afirmó.
Uno de los fenómenos que considera prioritario investigar es la posible relación entre la tecnología 5G y la electroporación, un proceso basado en pulsos eléctricos de alta frecuencia que incrementan temporalmente la permeabilidad de la membrana celular.
“Creo que el aspecto crucial es determinar si la 5G y la 4G producen lo que se llama electroporación, porque ese es uno de los daños más peligrosos que se producen por causa de los EMF”, señaló.
Aunque diversas agencias reguladoras internacionales mantienen que los niveles actuales de exposición cumplen con los estándares de seguridad, el investigador cuestionó abiertamente esos límites y sostuvo que se basan exclusivamente en criterios térmicos.
“Los límites de seguridad están basados completamente en la concepción de que sólo los efectos térmicos están sucediendo, y eso es completamente falso durante décadas”, afirmó.
En su opinión, los estándares regulatorios no contemplan adecuadamente posibles efectos biológicos no térmicos asociados a la exposición prolongada a campos electromagnéticos de baja intensidad.
Durante el congreso celebrado en Madrid, el científico defendió la necesidad de integrar conocimientos de física, biología celular y medicina ambiental para comprender los mecanismos mediante los cuales los EMF podrían interactuar con el organismo humano.
“Lo que me interesa transmitir es cómo la física de los campos electromagnéticos y la biología se unen para darnos un conjunto de mecanismos que nos permitan entender cómo obtenemos estos efectos importantes en el cuerpo humano”, explicó.
El científico reconoció, no obstante, que la medicina convencional todavía enfrenta dificultades para incorporar plenamente los factores ambientales en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades crónicas complejas.
“No estoy muy seguro de que la medicina esté lista para aceptarlos”, admitió.
La controversia sobre la hipersensibilidad electromagnética y los posibles riesgos de las tecnologías wireless continúa generando posiciones enfrentadas dentro de la comunidad científica. Mientras algunos estudios no han encontrado evidencia concluyente sobre daños derivados de los niveles habituales de exposición, otros investigadores reclaman ampliar la investigación sobre efectos biológicos potenciales y revisar los marcos regulatorios actuales.