La agenda económica urgente
El Banco Mundial proyecta que la economía peruana crecerá 3.1% en 2026, ligeramente por debajo del 3.4% registrado en 2025, en un contexto externo excepcionalmente favorable. Los precios del cobre superan los US$5 por libra y el oro cotiza por encima de los US$4.000 por onza, lo que sitúa los términos de intercambio del país en sus niveles más altos en 75 años. Convertir ese viento a favor en mayor dinamismo interno es el primer desafío que el nuevo gobierno tendrá que resolver.
La inversión privada explica buena parte de esa brecha. Creció a doble dígito en 2025, pero el IPE proyecta una desaceleración al 3.2% en 2026, directamente asociada a la incertidumbre del ciclo electoral. Los inversionistas privados postergaron decisiones durante los meses previos a la segunda vuelta, acumulando proyectos y recursos a la espera de señales claras sobre el rumbo del país. El nuevo gobierno tiene en esas semanas iniciales una ventana real para destrabar esa inversión con mensajes concretos sobre estabilidad y política económica.
Los riesgos son precisos. El Fenómeno El Niño, en plena fase de intensificación, opera como un choque de oferta sobre sectores clave. El BBVA Research identificó el Niño Costero como factor de presión a la baja sobre el PBI y al alza sobre la inflación en 2026. La pesca ve a la anchoveta alejarse hacia aguas más profundas y la agricultura norteña acumula pérdidas de cultivos que ya afectan la cadena alimentaria. A eso se suma la informalidad laboral, que mantiene a millones de peruanos al margen del circuito productivo formal y frena la transmisión del crecimiento hacia los hogares más vulnerables.
El margen para actuar existe. Los inversionistas internacionales ya establecidos en el Perú continúan apostando por el país y las utilidades reinvertidas representan más del 85% de la inversión extranjera directa, lo que refleja una confianza persistente. La inflación está bajo control y el contexto externo seguirá siendo favorable. Lo que el país necesita del nuevo gobierno es precisión en las señales al sector privado, claridad en la política fiscal y una estrategia de empleo que alcance la formalización real. Las condiciones para crecer más están sobre la mesa.