Almuñécar es probablemente la mejor opción para pasar unos días de asueto en la provincia de Granada. Porque lo combina todo: tiene estupendas playas, un patrimonio abrumador, rincones preciosos, vistas únicas y un casco urbano que conserva la esencia y donde se pueden encontrar tascas, tabernas y otros lugares tradicionales donde reponer fuerzas a base de tapas. Porque las tapas no las dan sólo en Granada capital. En invierno es una ciudad de algo menos de treinta mil habitantes y en verano duplica (o más) su población con la llegada de los turistas. Muchos proceden de Granada y son fijos, por así decirlo, porque tienen en Almuñécar una segunda residencia. El resto de los visitantes llegan desde otros lugares de España y hay también una importante presencia de nórdicos, más significativa en los meses de invierno. Hibernan allí, por así decirlo, para escapar de las gélidas temperaturas de sus países. Todos conviven en un lugar que mira al mar y donde conviene mucho que las personas hagan lo propio. Hay ciudades costeras que se construyeron de espaldas al litoral, pero en Almuñécar no pasa eso sino todo lo contrario: hay un paseo marítimo que, salvo por algunas interrupciones marcadas por accidentes del terreno, permite atravesarla de lado a lado . La caminata puede empezar en la Playa de Velilla para terminar en la de Cotobro o viceversa, pero en los dos casos hay que señalar los sitios interesantes que van a salirle al paso al paseante. Por ejemplo, el Aquatropic , el único parque acuático de Andalucía que utiliza en sus instalaciones agua salada, un clásico que lleva 38 años haciendo las delicias de grandes y pequeños. Tal es su atractivo que hasta allí se desplazan a diario fieles procedentes de Almería, Jaén o Málaga. Y eso que cerca de Almuñécar, en Torre del Mar, está el Aquavelis. Siguiendo hacia el Oeste, otra parada obligatoria es la del castillo de San Miguel. Se trata de una fortaleza que data del siglo XIII y que fue residencia de verano de los reyes nazaríes. Fue casi destruida durante la Guerra de la Independencia, en el XIX, y de hecho aún quedan zonas por rehabilitar. Allí, además de respirar historia, se contemplan unas vistas de toda la costa de las que, por apelar al tópico, quitan el hipo. Ahora bien, si de lo que se trata es de imbuirse en la historia local, lo más juicioso es visitar el Museo Arqueológico Cueva de los Siete Palacios , que está literalmente a dos pasos. Allí se conservan vestigios de un pasado glorioso que arranca hace tres mil años, cuando los fenicios se instalaron en la zona y bautizaron la ciudad que hicieron con el nombre de Sexi. De ahí que el gentilicio de Almuñécar sea sexitano. También hay restos romanos, porque por allí también pasaron aprovechando su situación estratégica. Al aire libre, a diez minutos a pie desde el castillo, se pueden ver restos de termas romanas, de una fábrica de salazón (dentro del muy aconsejable parque botánico El Majuelo) y de un acueducto que data del siglo I. De paso, ya que se está en el centro, se aconseja parar y tomar algo en sitios como Los Pajaritos o simplemente perderse y encontrarse en un entramado de calles bien conservadas y que de forma inevitable conducen al mar, de nuevo al paseo, a caminar hacia nuevos objetivos; que allí no faltan. Los Peñones de San Cristóbal, frente al castillo, separan Almuñécar en dos mitades. Rumbo al Oeste, para no perder la costumbre, comienza la larga playa de San Cristóbal, la más frecuentada, donde cada cierto tiempo el viajero topa con algún chiringuito típico, pero puesto al día , en el que el pescado, obviamente, es la estrella. Ese camino le conducirá, casi sin solución de continuidad, hasta Cotobro, donde empieza a escarparse el terreno. Se aproximan los acantilados, que llegan justo después de pasar la playa nudista de El Muerto. Es casi imposible seguir caminando hacia la Punta de la Mona, que se ve desde allí y que es punto de encuentro para amantes del buceo llegados de toda España. Pasado ese punto está el puerto deportivo Marina del Este , el único que hay por ahora en la provincia, con 227 puntos de amarre. Y después está La Herradura. Un inciso necesario: La Herradura pertenece al término municipal de Almuñécar, aunque, como ocurre en innumerables pedanías del país, sus habitantes tienen una identidad propia que han ido forjando y acentuando con los años, con lo que a lo mejor no viene muy bien, una vez allí, decir que aquello es Almuñécar. Se está en La Herradura y no hay que darle más vueltas a eso. Es famosa por su espectacular playa –en forma, lo han adivinado, de herradura- que tiene más de dos kilómetros de extensión, por supuesto paseables y donde abundan las urbanizaciones, lo que no quita que sea un lugar estupendo para descansar y desconectar. Los amantes del camping tienen allí uno muy bien equipado. Está pendiente de arreglo el que probablemente es el mayor inconveniente del lugar: el ruidazo de las motos acuáticas, bastantes más de las deseables. A partir de ahí vuelven los acantilados. Son los de Cerro Gordo, que marcan la frontera natural entre las provincias de Granada y Málaga. Escondidas entre las rocas hay planas ineludibles, como Cantarriján o El Cañuelo, y otras de más difícil acceso pero que, precisamente por eso, están menos concurridas. Ahí terminaría el viaje, aunque siempre es posible realizarlo de nuevo… en sentido inverso.