Sánchez, sin salida
En el corto plazo, hay dos maneras de cortar la sangría de votos que producen las informaciones que a diario ocupan las portadas de los periódicos sobre los escándalos de corrupción. La primera, que no quede mucho contenido morboso por conocerse, cuestión que parece bastante improbable a la vista de los sumarios de las distintas causas. La segunda, que por saturación de información deje de tener efecto negativo. Cuando las causas relacionadas con la corrupción son tan numerosas y con detalles tan jugosos que inspirarán a los guionistas de cine español los próximos años, llega un momento en que el coste electoral de la siguiente noticia es nulo, es decir, ya no es asimilable por la sociedad y deja de penalizar la corrupción. Por ejemplo, los detalles sobre los presuntos usos de servicios de prostitución por Ábalos, la colocación del hermano del líder socialista, que está siendo juzgada en estos momentos, o la condena del fiscal general del Estado por desvelar información referida a la pareja de una adversaria política, se ven lejanos y amortizados si se compara con la situación judicial de José Luis Rodríguez Zapatero o el caso de Leire Díez y sus conexiones con el Gobierno, el partido y hasta con Villarejo.
En cierta manera, Sánchez parte de la estrategia de que las nuevas informaciones devoran a las antiguas y que, rebasado un umbral, no hay coste adicional de la noticia. El gran problema de esa estrategia es que, aunque fuese cierta, no queda ningún resquicio de manejo de la agenda política y el daño acumulado es irrecuperable.
De aquí al verano, la actividad judicial será intensa en todas las causas abiertas. Si alguna de las sentencias, como la de David Sánchez, es de absolución, Sánchez tomará una bocanada de aire y mantendrá con más énfasis la teoría de la conspiración y mantendrá el discurso hasta el final. Volvería el Sánchez victimista y se intentaría elevar la duda sobre los demás procesos. Pero eso tampoco serviría ni para recuperar la agenda política, ni para que vuelvan los votantes perdidos.
Si, por el contrario, no hay buenas noticias en ninguno de los incendios proclamados, el desgaste no aumentará en exceso, pero se cobrará la factura completa en las elecciones municipales de mayo. Sánchez tendría algo menos de tres meses para sacar mejores resultados que los candidatos a las alcaldías. Eso no sucederá porque, aunque los electores de izquierda muestren su rechazo en mayo, no significa que vayan a votarle a él en septiembre porque, esta vez, el divorcio de miles de votantes con el PSOE es definitivo.