Miranda!: «En Argentina, antes, daba como medio vergüencita decir que hacías pop»
Juliana Gattas y Ale Sergi conforman Miranda!, un legendario dueto argentino al que el dosier de prensa de su sello discográfico califica como «el dúo más influyente del pop latinoamericano». Tal vez sea esa una frase hiperbólica, pero lo cierto es que en su cuarto de siglo de andadura, que se traduce en diez discos de estudio y seis en directo, se han convertido en una formación tan amada como respetada en toda la ancha América Latina. Su último disco lleva por título «Nuevo Hotel Miranda!», pero ha sido su aparición en el Benidorm Fest, donde interpretaron la canción «Despierto amándote» junto a Bailamamá (Óscar Ferrer), lo que les ha abierto las puertas al público español. Tanto como para que el próximo otoño visiten de nuevo España para actuar en dos potentes recintos de Madrid y Barcelona, el Movistar Arena y el Palau Sant Jordi (11 y 12 de noviembre), y pasen también por Valencia, Málaga y Mallorca. ¿Cuánta culpa tiene el Benidorm Fest, les pregunto, de esta gira española? «Toda la culpa –afirma Ale–, porque este iba a ser nuestro año sabático. Queríamos dedicarnos a grabar un disco, y lo estamos haciendo, de hecho, pero los últimos cuatro años, por suerte, con los sucesivos discos «Hotel Miranda!» y «Nuevo Hotel Miranda!» tuvimos una respuesta muy buena y giramos muchísimo. Íbamos a parar, ya digo, pero justo surgió la propuesta de Benidorm y no la quisimos dejar pasar. Y una vez que la aceptamos decidimos hacer además una gira, porque ya que vamos por lo menos capitalicémoslo de alguna manera. Sentimos que desde hace bastante recorremos muchos países y que en España tenemos todavía un poquito más de camino». Juliana explicita su gratitud hacia el festival que les ha dado la oportunidad de girar por España: «Estamos muy agradecidos y por eso lo hicimos, porque sabíamos que nos iba a acercar a gente que no sabía de nosotros. Hemos hecho shows que, escalonadamente, han ido haciéndose un poquito más grandes, pero, a efectos de prensa, nada como la pantalla que tiene ese festival, por lo mucho que se mira. Y luego estaba el capricho medio fetichista de estar en un festival que nosotros miramos desde Argentina».
El pop que surgió del rock
En Argentina hay una fuerte tradición roquera, mayor que en España, ¿por qué se decantaron ellos por el pop electrónico? «Nosotros sentimos que el pop es directo, claro, conciso, y no da mucha vuelta –explica Ale–. Cuando empezamos, hace ya más de 20 años, no éramos los únicos en nuestro país, pero sí éramos pocos. No había una corriente muy grande de artistas practicando ese espíritu. Y en esa escena, donde estaban Los Látigos, Capri, Entre Ríos, Adicta..., nos colamos nosotros. Éramos unos poquitos en el “under”. En Argentina, antes, daba como medio vergüencita decir que hacías pop y ahora, sin embargo, hay muchos más cantantes que lo verbalizan con orgullo». Interviene Juliana: «Teníamos ganas de hacer un show que a nosotros nos hubiese gustado ir a ver. Te hablo de esos shows que suceden en discotecas, donde puedes bailar y se visten de una manera particular. Y justamente ese es el motivo y la génesis de nuestro vínculo con España, porque nos gustaban mucho, en los dosmiles, todas las bandas pop que había acá, mientras que allá, como bien te dice Ale, no era tan usual. Estaba Gustavo Cerati [ex-Soda Stereo], claro, que en solitario hizo más pop que rock. De hecho, abrió un montón de caminos, tuvo también proyectos electrónicos, fue DJ, hizo de todo. Pero como te decía nos gustaban bandas españolas como La Casa Azul o Le Mans, un tipo de música que nos llamaba mucho la atención y nos daba mucha ilusión tener un proyecto en ese estilo, menos solemne y más lúdico y electrónico». Ale amplía las palabras de su compañera: «En efecto, queríamos hacer algo que fuera como la música pop que escuchábamos en inglés, pero en español. Y por eso nos acercábamos mucho al pop español de entonces. Aunque no te diría que es solo pop porque tenemos discos que coquetearon con el pop/rock, en los que hay guitarra y batería. Iniciamos como puramente electrónicos, pero para el cuarto disco ya abrimos un poquito el panorama y, sin alejarnos de eso, seguimos ahí explorando, pero no podríamos decir que es todo electrónico».
Argentina y España comparten lengua y, sin embargo, salvo excepciones, por ejemplo Sabina allí y Calamaro aquí (aunque Andrés se dio a conocer en España con Los Rodríguez, un grupo argentinoespañol), la música argentina no es apenas conocida en nuestro país, y viceversa. ¿A qué creen ellos que se debe eso? «Es verdad que, pese a compartir el idioma, tradicionalmente no ha habido un gran intercambio de artistas entre esos dos países –corrobora Ale–. Pero creo que en estos últimos años ha cambiado la cosa. Sabina, claro, es un artista gigante allí, y Serrat también. Y está Alejandro Sanz, que lo llena todo. Y Rosalía ahora. Aunque es más ahora que antes, sí», a lo que Juliana añade: «Yo estoy notando últimamente que muchos españoles tienen a Charly García como un descubrimiento, una joya, y no pueden parar de escuchar sus canciones».
Aquí se habla mucho de que los argentinos, como los mexicanos o los franceses, son muy dados a construir mitos, con, incluso, un punto fanático. ¿Cómo acusan eso ellos en su país, en el día a día? «Sentimos que hay una suerte de consenso ahora –dice Ale–, como que a los que no les gustábamos ya se acostumbraron. O ganamos por cansancio o convencimos, no sé. Siempre hicimos lo nuestro, pero lo hicimos a conciencia: cada pasito que damos tratamos de hacerlo bien, ya sea un concierto, una entrevista o un videoclip. Lo que haya que hacer siempre lo hacemos a conciencia y sentimos que todo eso, con el correr del tiempo, termina llegando. En nuestro país nos sentimos queridos, la gente nos recibe bien en los conciertos, pero también por la calle. Obviamente nos saludan, pero siempre es buena onda: “¡Eh, qué lindo, gracias, una foto”! A mí me gusta». Juliana: «Yo siento que hay una gran cuota del público que se sumó a esta última etapa. Creo que el respeto hacia nosotros viene de esa insistencia y de que nunca cambiamos demasiado».
Maradona ha sido el último gran mito argentino. Realmente no murió un deportista, murió mucho más, una suerte de símbolo, de semidiós. ¿Todavía anda de luto el país por su pérdida, seis años después? «Maradona está muy presente en Argentina, sí –asiente Juliana–. El país no está de luto, pero se lo celebra muchísimo. Es una figura más allá del fútbol, claro, muy icónica. Gardel y Evita son estampas, pero aparte Maradona tiene épocas diferentes, muy marcadas. Su etapa en Italia, escándalos… Es muy pintoresco y la gente lo quiere mucho, mucho, mucho», concluye.
Alégrame la noche
Cuando en la desnortada Argentina del «corralito» el fútbol y el rock eran el único pan que llevarse a la boca, Juliana y Ale brotaron de sus propios sueños como el fruto fantástico de un mago y levantaron de la nada un edificio pop que semejaba una discoteca. En la tierra santa del Flaco Spinetta, de Charly García, del Indio Solari, de Los Abuelos de la Nada, el pop electrónico tenía cierto tufo a herejía y un rictus de contestación. Pero Miranda!, con esa admiración congénita y su andamiaje de synth pop con acento de Candem, encontró enseguida un sitio entre ese ejército de pibes y pibas tan castigados como ávidos de chutes artísticos.
En Belgrano, en aquel departamento de tres cuartos, paradigma de los 80, con su derroche de tela en las ventanas y ese río de ceniceros que colonizaba la estancia, la figura de mamá mientras fumaba y hablaba por teléfono parecía hurtada de la imaginación de Edward Hopper y dilataba las pupilas de la niña que no podía dejar de mirarla. Y en el PH de Haedo, en el suburbio de Buenos Aires, al chaval que hacía sonar los vinilos de Kiss y Abba en el tocadiscos de su padre no le costaba nada imaginarse cantando para miles de personas con la cara pintada y uno de esos trajes ajustados que brillaban como un melenón de plata bajo el sol de los focos. Si os paráis a pensarlo, Baires lo tenía todo para ser la ciudad más emocionante del mundo y solo hacía falta tener hambre para vivir a un palmo del suelo.
Ha llovido largo desde Los 3 Lirios, cuando todo lo bueno estaba por venir y aún había tantos meteoritos que sortear. La travesía por el «under» fue una universidad sin horarios ni exámenes, y una mejor juventud que aquella que os mostraban vuestros más afilados sueños. Y os basta un parpadeo para ver de nuevo al maestro Cerati atraído por vuestro imán, el solo de Lolo, la inyección de las telenovelas, Pimpinela, Fangoria, Julieta Venegas, las dos noches de invierno en el Gran Rex, «Tu misterioso alguien», «La voz argentina», «Tu cara me suena», los premios Gardel... Son tantas cosas, tantos estados de ánimo, que parece que le hayan pasado a otro, a otros.
La música también es vida, en absoluto un trabajo ni una ocupación ni un hobby. Y si además cuentas con tu propio estudio, ya hablamos de la buena vida. Allí es facilísimo que entre la mañana y la noche transcurran tan solo unos segundos porque la caza de una buena canción absorbe por entero los sentidos. Y entonces aparece Juliana cargada de ganas y flores y os ponéis a coser y a cantar y antes de daros cuenta ya tenéis confeccionado el traje, que suena como el más exquisito de los vinos en el paladar.
Todo artista se ha visto obligado a pagar peajes ingratos, a tragarse noes, a esperar llamadas que nunca llegaron, pero vosotros jamás tuvisteis que pegar un volantazo para conquistar al público; os bastó con no dejar de ser lo que erais e insistir, insistir, insistir, entre la tenacidad y la fe. No teníais a mano ningún otro grupo histriónico, juguetón, lúdico, y por eso os servisteis de la ventaja que otorga la distinción. Y las canciones siempre lucen novedosas sobre un escenario, ya que allá arriba toca transformarse y darle la espalda al piloto automático para sonar igual de bien que siempre y bailar con más ganas aún que la audiencia encendida.
Os miran, todavía emocionados, los ojos de Felipe, Ana María y Liliana, y os vieron los de Óscar. La calle, hoy, os quiere casi tanto como ellos y las canciones siguen siendo el Santo Grial. Por eso, en el mar de Alfonsina os preguntáis, como Black Francis, dónde coño tenéis la cabeza. Y qué más da. La única certeza es que me despierto amándote.