Un estudio revela que el deseo no desaparece con la edad: adultos de 65 a 85 mantienen vidas sexuales activas y algunas mujeres experimentan orgasmos por primera vez en la madurez
La idea de que el deseo se apaga con los años vuelve a quedar en entredicho. Una investigación dirigida por la psicóloga Sidsel Louise Schaller, de la Universidad de Oslo, ha demostrado que muchos adultos de entre 65 y 85 años mantienen una vida sexual activa, variada y emocionalmente significativa. El estudio, basado en entrevistas en profundidad, revela que la sexualidad continúa siendo un componente importante del bienestar incluso en edades avanzadas.
Entre los testimonios recogidos, Schaller encontró casos de mujeres que experimentaron su primer orgasmo en la madurez, así como otras que retomaron la vida sexual después de largos periodos sin actividad. La investigadora subraya que estos relatos desafían la visión tradicional de la vejez como una etapa desvinculada del deseo.
En el caso de los hombres, muchos reconocieron que continúan disfrutando de la intimidad con ayuda de tratamientos para la disfunción eréctil, algo que consideran parte natural del envejecimiento y no un obstáculo para mantener relaciones satisfactorias.
La importancia de hablar de sexualidad en la vejez
Una de las conclusiones más llamativas del estudio es que la mayoría de los entrevistados valoró la oportunidad de hablar abiertamente sobre su vida sexual, un ámbito que durante décadas estuvo marcado por el silencio y el estigma. Schaller señala que la sociedad —incluidos profesionales sanitarios— tiende a asumir erróneamente que las personas mayores no tienen interés sexual, lo que contribuye a invisibilizar sus necesidades.
Los resultados coinciden con investigaciones previas, como un estudio publicado en la revista médica The Lancet en 2023, que mostró que en Inglaterra el 86 % de los hombres y el 60 % de las mujeres de entre 60 y 69 años seguían siendo sexualmente activos. Incluso entre los mayores de 80 años, un porcentaje significativo mantenía relaciones.
Schaller recuerda que la sexualidad en la vejez no debe entenderse como una obligación, sino como una posibilidad que puede aportar bienestar físico, reducción del estrés, mejora cognitiva y mayor autoestima. Subraya que la clave está en reconocer la diversidad de experiencias y en eliminar los prejuicios que aún persisten.
Una generación más abierta a hablar de sexo
El estudio también revela diferencias generacionales. Quienes crecieron durante la revolución sexual de los años 60 se muestran más dispuestos a hablar de intimidad y a reivindicar su derecho al placer, frente a generaciones anteriores marcadas por el tabú.