La democracia necesita candidatos, no herederos
Falta poco para que los peruanos decidan quién conducirá el país durante los próximos cinco años. Y lo que esta segunda vuelta ofrece hasta ahora no es un debate de ideas sino un torneo de sombras: dos candidatos que parecen hablarle más al pasado que al futuro y los desafíos que este depara con preocupante evidencia.
Esta semana, la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, criticó a su contendor de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, por intentar imitar a Pedro Castillo en sus recorridos de campaña. La observación tiene algo de verdad: construir una imagen prestada para ganar votos subestima al electorado. Sin embargo, la crítica, viniendo de quien viene, exige ser leída con honestidad histórica.
Keiko Fujimori llega a su cuarta campaña presidencial sostenida, una vez más, en el legado de su padre. No es una candidatura que se explique por sí misma: es una candidatura que se justifica por referencia a otro. Esto cobra especial evidencia cuando afirma públicamente que el concepto jurídico de autoría mediata fue inventado para condenar al exdictador Alberto Fujimori. En esto continúa haciendo política desafiando a la justicia, nada menos que una sentencia firme respaldada por décadas de derecho penal internacional. Este comportamiento de un candidato presidencial que no reconoce las resoluciones del Poder Judicial no ofrece garantías democráticas, al contrario, implica riesgos institucionales.
Pero Roberto Sánchez no sale mejor librado de este análisis.
Su campaña de segunda vuelta ha sido, hasta el momento, una estrategia de distancia: alejarse de la imagen del expresidente Pedro Castillo sin construir una identidad propia con propuesta de futuro para un país de todas las sangres, como diría el escritor padre del indigenismo José María Arguedas.
Ante ello vale ser enfáticos en el hecho de que los peruanos que no votaron por el fujimorismo en primera vuelta no le entregaron inmediatamente un mandato. Al contrario, le hicieron una pregunta. ¿Qué propone usted, concretamente, para gobernar un país con instituciones debilitadas, una economía que excluye a millones y una ciudadanía que desconfía de todo? Esa pregunta sigue sin respuesta.
El Perú merece candidatos que le hablen a los próximos cinco años, no a los últimos treinta.Ninguno de los dos lo está haciendo. Y sería un grave error que se piense que la democracia es solo el mecanismo por el cual se eligen gobernantes. Es también la calidad de propuestas de país que lo precede. Y en ese estándar, esta segunda vuelta está fallando a los peruanos por partida doble: una candidata que hereda sin rendir cuentas, y un candidato que critica sin proponer.