La semana horrible de Sánchez
Su cara en el Comité Ejecutivo del pasado lunes lo decía todo. Aunque nada comparada a la que Pedro Sánchez mostraba en el Palacio de la Zarzuela cuando ante el Rey de España se enteraba de la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por blanqueo de capitales y tráfico de influencias. Un dardo tremendo que le llegó mientras asistía con las máximas autoridades del Estado a la sanción por parte de Felipe VI de la reforma de un artículo de la Constitución. En este acto solemne, como todos cuantos se celebran en el salón de audiencias de Zarzuela, los móviles están silenciados. Pero a eso de las 10:30 horas un asistente de protocolo de Moncloa le avisó de que algo urgente estaba pasando. Tras la foto oficial con los presidentes del Congreso, Senado, Tribunal Supremo y Constitucional, el jefe del Gobierno salió escopetado con rostro muy serio y cariacontecido. No era pare menos. El auto del juez de la Audiencia Nacional contra Rodríguez Zapatero era demoledor y ponía el broche negro a una semana horrible. Es el ocaso del «sanchismo», se apresuraban a exclamar en Génova trece, sede del Partido Popular.
Cuentan en el entorno más íntimo del presidente que ya los resultados de Andalucía fueron un golpe duro. Su apuesta personal por María Jesús Montero, a quien muchos en el socialismo andaluz consideraban la peor candidata, le ha salido rana. «Le clavaron una espada a Espadas y ahora tienen dos», ironizan algunos en la calle San Vicente, cuartel sevillano de los socialistas andaluces, recordando los treinta escaños que logró el exalcalde de la ciudad hispalense y anterior candidato, Juan Espadas. La campaña de «Marichús», mal diseñada desde Moncloa y Ferraz en contra de la federación territorial, ha resultado un fiasco. En la reunión de la Ejecutiva, a la que por cierto no asistió Montero, el ambiente era de funeral y aunque la consigna fue atacar a Juanma Moreno por no alcanzar la mayoría absoluta, todos en el partido ven ahora por vez primera a un Sánchez tocado. Aunque de puertas hacia fuera el lema es aislarle de los comicios andaluces, en las federaciones territoriales la inquietud es máxima. «Nuestras siglas están denostadas», se lamentan muchos dirigentes regionales y municipales con el horizonte negro de las elecciones en mayo del año próximo.
Pero la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero ha supuesto un tremendo golpe para Pedro Sánchez. Aunque en un principio nunca fueron amigos personales, en los últimos tiempos su afinidad fue en aumento. Ambos comenzaron a congeniar a través del presidente de la Generalitat, Salvador Illa, muy ligado personalmente a los dos, y hoy por hoy uno de los pocos activos socialistas con mando en plaza junto al castellano-manchego, Emiliano García-Page. El presidente catalán hizo de catalizador de ambos mandatarios y Sánchez tuvo en Zapatero uno de sus mejores consejeros y activos políticos. De aquí su presencia en varios mítines del partido en Andalucía y su defensa del expresidente en estos duros momentos. Pedro Sánchez ha ordenado a sus ministros cerrar filas y defender su presunción de inocencia, tal como ayer hizo la portavoz del Gobierno, Elma Sainz. Pero sin atacar a los jueces para no entrar en un terreno peligroso. La salida del guion del botarate Óscar Puente, acusando a una maniobra de la ultraderecha y llamando «imbécil» a Alberto Núñez Feijóo sólo contribuye a caldear los ánimos por parte de quien no tiene la más mínima categoría personal ni política.
«El partido vive una cadena de borrascas electorales, de fracaso en fracaso hasta la derrota final», dice un «barón socialista con peso. La paulatina debacle agrieta el férreo control, la ausencia de autocrítica y el culto al líder que ha impuesto el «sanchismo». La gota que colma el vaso han sido los resultados en Andalucía y la imputación de un hombre muy cercano como José Luis Rodríguez Zapatero. Alguien que ha hecho bien en coger el toro por los cuernos y comparecer en un vídeo público defendiendo su inocencia y colaboración con la justicia. Nada peor que esconderse quien tal vez demuestre en un futuro no tener nada que esconder. La semana negra del presidente amenaza con no escampar, pues en próximos días su hermano David se sienta en el banquillo.
Esa frase de García-–«me he quedado de piedra»–, al conocer la imputación de Zapatero, revela las costuras de este régimen que agoniza.