Tres veces se santiguó Ricardo Gallardo cuando pisó el callejón. Había reinado la incertidumbre para el ganadero, para los toreros y los aficionados hasta dos horas antes del festejo, pero a las siete en punto todo el mundo ocupaba su localidad para ver uno de los carteles de más interés para el aficionado. No hay fuga de gas que pueda con San Isidro. Marcó su querencia el primero al picador que guardaba puerta y cuando llegó a la jurisdicción del otro, caballo y piequero acabaron en la arena. En cuadrillas acabaría recibiendo el puyazo. Y otro más en el volatín en el capote de Pedro Luis. ¡Y otro a la salida del peto! Vaya tercio accidentado y largo. Brindó el...
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