Eso de tener que ponerse a trabajar después de no haber pegado palo al agua a lo largo de toda tu vida tiene que hacerse bastante cuesta arriba. Me consta que algún concejal lucense lleva sudando una semana larga. Es uno de varios inconvenientes a los que se enfrentan quienes hacen de la política y el momio digital el sustento de ellos y de los suyos. Se trata, en definitiva, de una de las varias derivadas nocivas de una actividad carente de exigencias y sobrada de remuneración. Hay doce concejales de la ciudad que habito que me inspiran verdadera lástima. Son aquellos que «en horas veinticuatro pasaron de las musas al teatro», es decir, que se vieron forzados a abandonar...
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