La mente de Paula Blasi produce un torrente de ideas por segundo y su semblante risueño se refleja al otro lado del teléfono cuando habla con ABC. La ciclista catalana (Esplugas de Llobregat, 23 años) es la sensación del curso y anuncia un futuro alentador para una modalidad del deporte español que nunca ha explotado pese a los éxitos de Joane Somarriba y en otra dimensión Dori Ruano hace treinta años. Blasi acaba de ganar la Vuelta a España, tremendo éxito que mejora sus anteriores conquistas, la Amstel Gold Race, el campeonato de Europa sub 23, el bronce en el Mundial y la segunda plaza en la Flecha Valona. Mucho metal y solo dos años practicando ciclismo. -Podría haber sido atleta, duatleta, esquiadora y eligió el ciclismo… -Siempre digo que me considero más una deportista que una ciclista. Aunque ahora haga bici y siga haciendo bici de aquí a 10 años, yo voy a seguir saliendo a correr, a esquiar, a nadar… El deporte es parte de mi vida, mi profesión es el ciclismo, pero yo soy deportista. -Fue campeona sub 18 de de España en 800 metros, ¿con qué marca? -Mi mejor marca te diría que fueron 2 minutos 10 segundos y 70 centésimas. No conseguí bajar de 2'10'', tampoco es para tirar cohetes. A nivel español sí que estaba bien, a nivel internacional me quedaba muy lejos de las chicas de mi edad. -Y en el duatlón (atletismo y ciclismo unidos), un deporte minoritario en España, ¿tenía también un buen porcentaje de éxito? -La cuestión es que solo hice una temporada, fui cuarta en categoría sub-23, tuve que aprender mucho con una bici de carretera, las transiciones. Me propuse intentar ganar nacionales y carreras internacionales y me lesioné. Y lo dejé. -Parece un espíritu libre, salvaje, fundido con la naturaleza… -Totalmente, totalmente. Me has descrito bien. Se lo digo muchas veces a mi entrenador, es algo que puede ser bueno, pero a veces es mi punto débil. Me gusta competir, ganar carreras, pero no es lo principal en mi vida. Mi prioridad es lo que me pida la cabeza. Estoy viviendo en los Pirineos y muchas veces si nieva y cae un metro y medio de nieve, quiero irme a esquiar. Me cuesta mucho renunciar a eso cuando la próxima semana tengo una carrera y no puedo jugármela con los esquíes por si me lesiono. Me considero una apasionada del deporte. Hay chicas a las que hay que motivar para entrenar si llueve. A mí es lo contrario, hay que ponerme límites porque yo no me los pongo. Me suelen decir que a mí no hay que motivarme, hay que pararme porque ya llevo la carrerilla desde casa. -¿Necesita esa actividad para sentirse viva? -Más que eso. Es lo que me hace feliz. De verdad que necesito hacerlo. A ver, si no lo hago no me voy a morir. Pero es que me apetece hacer todo tipo de deportes porque sé que voy a ser feliz. Es como si te apetece comer una pizza, pues puedes no comerla, pero si la comes vas a ser feliz. Yo, de verdad, es pensar en cualquier plan de deportes y me hace feliz, es lo que me mueve. -¿Cómo se definiría para la gente que no la conoce de nada ni sabe que ha ganado una Vuelta a España? -Soy una chica hiperactiva, me gusta bastante hablar, cuando me dan rienda suelta hay que callarme, lo que me define no son mis resultados o éxitos deportivos, sino mi manera de ser y afrontar la vida. Yo me muevo por pasión y emociones, por la recompensa que puedo obtener si hago A o B. Eso es lo que te da la felicidad en la vida. En la mayoría de cosas que he hecho en mi vida le doy prioridad a lo que me pide mi corazón, no lo que dicen los datos. Eso es una buena dirección de vida. Yo estoy tranquila porque cada día me voy a la cama a dormir y me despierto motivada para el siguiente. Soy una motivada que hace lo que le hace feliz. -Solo lleva dos años en el ciclismo. -Sí, a ver, cuando dicen que he salido de la nada... En ciclismo sí, pero mi pasado es un deporte de resistencia, también mi base aeróbica. Sé meter kilómetros y sufrir. Al final lo que yo he cambiado son las zapatillas de clavos por los ruedas, pero la esencia es la misma. No sé qué va a pasar de aquí a 5 o 10 años, pero a lo mejor del ciclismo me paso a otro deporte. Lo que he tenido que aprender en el ciclismo es la táctica, cómo moverte en el pelotón y tal, pero el motor está. -Roglic era saltador de esquí y dijo qu e su principal problema en el ciclismo, con 21 años, fue aprender a moverse en el pelotón. ¿Tan difícil es? -Pasarle le pasa a todo el mundo, pero la diferencia es el ritmo de aprendizaje, pero sí, al principio claro que me pasaba. En las carreras pequeñas puedes permitirte errores y seguir ganando o disputando la carrera, pero en el World Tour como gastes de más cuando no toca y abran gas no vas a ganar aunque seas la mejor del mundo. Hay que tener todas las balas. Me han tocado muchas carreras de frustración, de decir 'mira las que me están ganando', si es que yo sé que soy más fuerte, pero no sé correr. -¿Qué es lo que más le cuesta del ciclismo? -Poco a poco me voy sintiendo más segura, antes era el caos, sobre todo en las aproximaciones de los puertos cuando empiezan los codos, las caídas. He sentido el miedo porque yo no me quiero jugar la vida. A mí lo que me gusta es hacer deporte, obviamente quiero ganar, pero no me voy a jugar la vida por eso. Antes frenaba y dejaba pasar a todo el mundo. Cuando entiendes cómo se mueve el pelotón es más difícil caer porque ya predices lo que va a pasar. -¿Tiene cultura ciclista o la va cogiendo? -La voy cogiendo ahora. -¿No conoce la historia de este deporte? -Qué va, qué va, nada. -¿Sabe quién era Joane Somarriba? -Mira, justamente ella sí porque hice un trabajo en la universidad sobre ella. Supe de sus éxitos por el trabajo, pero nunca he seguido el ciclismo ni nada. -¿Podría vivir el ciclismo femenino español una transformación como el bádminton con Carolina Marín? -Ojalá, ojalá. Eso lo va a mostrar el tiempo, estoy viendo ahora que tiene potencial. Después de la Vuelta a España puedo crecer mucho, sí. -¿Cómo fue subir el Angliru? -Me dio rabia no poder ganar la etapa, pero sí, es un puerto que hay que hacerlo y hasta que no lo haces no sabes la dureza que tiene. -Cada logro que consigue es mayor que el anterior… -No lo pienso, no empecé la temporada pensando quiero ganar la Amstel o la Vuelta a España. Sólo quería saber hasta dónde puedo llegar, hasta dónde puedo ayudar al equipo, las expectativas están en ganar lo máximo posible, pero disfrutando. Cuando te metes tanta presión por algo y llega, más que contenta estás aliviada. Oh, lo he conseguido, vale. Pero cuando no te lo esperas, dices 'Ay, mira tú, qué bien'. Quiero seguir con esta filosofía de puertas abiertas, esforzándome pero sin mucha presión. -El deporte de hoy es mucho cálculo, tecnología, nutrición, datos, watios. ¿Teme que con todo esto se pueda torcer algo si no le dejan ser libre? -Eso depende mucho de tu entorno. Yo conozco mucho a mi entrenador, llevamos cuatro años juntos. Tengo mis obligaciones de rendir, pero cada persona es un mundo y no somos robots. Ahí está la clave de la individualización de tanto el entrenamiento, mi entrenador sabe que quiero ser la mejor del mundo, pero para conseguir eso tal vez no tengo que hacer lo que todo el mundo hace. Hay que hacer lo que a mí me va bien y me hace feliz para no agobiarme. Buscamos ese equilibrio. Si hoy me apetece esquiar porque no hay carreras cerca, lo hago. Es otro tipo de entrenamiento y mentalmente me va a ayudar a que mañana esté más motivada para entrenar. -¿Le da mucha importancia a la salud mental? -Sí, exacto. Soy una persona que si no soy feliz, me cuesta mucho hacer las cosas. Me conozco. Sé que como no haga las cosas porque yo quiero y me las imponga alguien, lo voy a hacer a mala cara y no lo voy a hacer bien. Intento siempre encontrar la manera de hacerlo donde mi cabeza me responda, cuando estoy motivada, te lo juro creo que nadie puede pararme. El equipo lo está aprendiendo poco a poco. Cuando me obligan a algo, lo hago porque sé que es mi trabajo, pero no tienen la Paula que les gusta. Es que no puedo, me guío por mis emociones. -¿Le da vértigo todo esto? -Estoy tranquila, el deporte profesional es un negocio, pero estamos jugando con personas y lo que intento conseguir es eso. Que la gente entienda que somos humanos y que hay que tratarnos como humanos, no como robots. Si llegamos a eso, es cuando de verdad conseguimos gente feliz y que va a rendir. -¿Qué diferencia hay en su vida un mes atrás y ahora? -Muy poca. Sigo siendo la misma Paula a quien le gusta entrenar y que necesita su espacio, pero ahora soy otra Paula que tiene que cumplir con algunos compromisos, pues eso entrevistas, eventos, estar más de cara para los medios. Y es algo que yo no me esperaba y en parte sí que me está costando porque a mí lo que me gusta es entrenar. Claro, ahora se me valora más que antes de ganar la Amstel, pero sigo teniendo los mismos datos y números. Simplemente he podido enseñarlo al mundo. Está muy chulo que por fin mi equipo y todo el mundo sepa mi potencial, que a veces cuesta mucho sacarlo por eso, porque en carrera si te toca trabajar no vas a estar al final para ganar. No noto que haya hecho nada excepcional, no he hecho ningún milagro, yo estos números los tenía, simplemente he conseguido sacarlos. También es verdad que yo pensaba que estos números no iban a ser aún suficientes para luchar con las mejores, pero bueno, eso también lo decide la carretera. Siento como sensación de alivio, como que ahora empieza el juego de verdad.