Griezmann se acuerda de Simeone en su despedida: "Gracias a ti, me sentí el mejor del mundo"
Antoine Griezmann se despidió del Atlético de Madrid con una asistencia y con lágrimas en los ojos. Llegó emocionado al Metropolitano, igual que se fue después de recibir el homenaje de su club y de su afición.
Saltó al campo con el brazalete de capitán, aunque Koke, el oficial, estaba en el campo. Era la primera muestra del reconocimiento del club que despide a su máximo goleador histórico. Le faltó sumar uno más en su despedida del Metropolitano, aunque sus compañeros lo buscaron de manera insistente, como demostraba el enfado de Pubill después de darle un balón en el área demasiado atrás.
El partido fue un trámite que el Atlético resolvió con un gol de Lookman a pase del francés para derrotar al Girona (1-0). Noventa minutos que hubo que pasar hasta que llegó el momento que la afición esperaba, el momento de despedir a Antoine. Sobre el césped, dos lonas con su nombre, Antoine, y el apellido, Griezmann. Y al fondo, un hinchable con la leyenda «Gracias, Antoine».
Cuando acabó el partido, el francés se fue al vestuario para regresar después atravesando el pasillo que le hicieron sus compañeros y el cuerpo técnico hasta que llegó al centro del campo. «Siempre me toca despedir a la gente que quiero», dijo Koke. En su mensaje, el recuerdo para el carácter de su amigo Antoine, que ha hecho mejor el día a día de sus compañeros durante diez años, además de hacer mejor al equipo. «Cuando la gente viene triste, siempre sale Antoine con el niño que lleva dentro para sacar una sonrisa. Ha dejado un legado enorme a los chicos jóvenes», reconoce el capitán. Pero hay más en ese camino de ida y vuelta de Griezmann como rojiblanco. «Se fue, nos dolió a todos, pero le echó huevos, volvió aquí otra vez, marcó goles... Disfruta mucho de esta nueva experiencia».
«Gracias, Antoine, por tu fútbol, por tu humildad, por tu compromiso», le dijo Fernando Torres. Y Simeone, que ya le había despedido de manera espontánea en la sala den prensa del Camp Nou antes de enfrentarse al Barcelona en la Liga de Campeones, le recordó por qué la gente seguía allí una vez acabado el partido. «Es muy difícil que todos te quieran y a vos te quieren todos».
Cuando le llegó el turno de hablar, Antoine ya había decidido olvidarse del discurso que había preparado. «Se ha ido a la mierda», dijo. «Ahora es cuando se me complica todo», comenzó. Se acordó de su entrenador: «el que cambió todo en este club, don Diego Pablo Simeone. Gracias a ti hay mucha ilusión en este estadio, en este vestuario. Gracias a ti fui campeón del mundo, gracias a ti me sentí el mejor del mundo. Te debo muchísimo y ha sido un orgullo luchar para ti; se acordó de Koke: «mi gordito favorito. Yo no sé si soy una leyenda, pero tú eres una puta leyenda de este club». Y sin olvidarse de sus padres, de su mujer y de su familia, se fue, emocionado mientras el hinchable que decía «Gracias, Antoine sobrevolaba el Metropolitano».