Lourdes Flores Nano: “Creo que con sus actitudes, López Aliaga ha dejado de ser convocante”
“Belmont nos hizo puré con unos pac-man. Algo que a los chicos de hoy les parecería parte de la prehistoria”, dice Lourdes Flores Nano, cuando recuerda la vez que el excandidato presidencial y líder del Partido Obras acudió a un debate municipal, en 1989, con unos muñequitos del famoso personaje amarillo que lo devora todo. Ese gesto le sirvió para vencer al candidato del Fredemo, Juan Inchaústegui, a quien Flores Nano acompañaba como regidora. Desde entonces, la excandidata ha sufrido varias derrotas más, que siempre le recuerdan en redes sociales. “Entiendo que hay gente que me quiere menos”, dice y pasa a otra cosa. En esta primera vuelta estuvo muy ocupada en formar un frente de centroderecha. No tuvo éxito. Su espacio ha sido ocupado por el fujimorismo y Renovación Popular, de quienes habla en este diálogo.
Me llamó mucho la atención lo que comentó en el programa de Beto Ortiz hace unos días.
Fue, en primer lugar, una impertinencia, porque, digamos, suelo no comentar conversaciones privadas.
¿Se refiere a lo que dijo de Alan García? Yo me refería a que usted dijo que la señora Fujimori era su buena amiga.
Ah, sí, claro que lo es. Así la considero.
Caray. Hay amistades nuevas en estos tiempos.
Le tengo mucho aprecio.
Pero ahora sí, vayamos al punto de la infidencia, de lo que comentó sobre el doctor García y de que él quiso indultar a Alberto Fujimori.
A ver, gracias por la pregunta, porque me permite aclarar las cosas, porque veo que es un tema para mí absolutamente secundario de la conversación que se está llevando adelante. Pero lo que es más grave, fruto de las grabaciones que han salido por doquier, es que pareciera que yo no he tomado exactamente la versión cual era. Así es que, como decimos los abogados, téngase por no dicho.
Ah, vaya, ¿o sea que va a retirar lo dicho?
Absolutamente. Téngase por no dicho, porque da la impresión, pues estoy viendo grabaciones, de que el diálogo fue en otro sentido.
Pero nos hemos quedado con la curiosidad. Usted comentó que el doctor García le dijo que le ofreció el indulto de su padre a la señora Keiko Fujimori. Según su versión, ella no aceptó.
Aparentemente esa versión no es correcta. De lo que he visto, de dichos del propio García grabados en algún momento, aparentemente puedo haber malinterpretado lo que se me dijo.
¿Y siempre compartía este tipo de secretos, de confidencias, con el doctor García?
Las últimas conversaciones fueron interesantes, porque García era un gran conversador. Y probablemente sí, hay cosas que probablemente me comentó en algún momento que eran interesantes, pero no volveré a cometer el error que Bedoya le atribuía a Luis Alberto Sánchez.
Hablar con muertos.
Citar muertos, sí. No, nunca más.
Tengo una curiosidad, ¿votó finalmente por el general Chiabra o por su discípula más conocida, la señora Marisol Pérez Tello?
No, por supuesto que voté por Chiabra. Y por Marisol seguiré teniendo siempre todo el cariño del mundo y todo el afecto. También la considero una amiga. Le mandé un mensajito a través de su esposo, diciéndole más o menos lo siguiente: “Te envío un saludo muy afectuoso. Te he visto contenta en la campaña y creo que has cumplido un papel muy destacado. Has sido una candidata destacada en el campo en el que has querido estar”. Pero no me he sentido representada por sus expresiones, ni me he sentido representada por lo que ella ha representado.
¿Ni siquiera celebró su performance en los debates?
Me ha parecido bien, por eso es que la he saludado y felicitado, porque me parece que sí es una mujer preparada, es una mujer inteligente. Creo que se siente muy cómoda, además, en la posición en la que está hoy día. Y creo que, para el centro izquierda, el progresismo del Perú, ha nacido una estrella, pero no me representa.
Está siendo irónica con la señora Pérez Tello. Hace unos años no hubiera sido tan injusta con ella.
No, hace unos años hubiera hecho todo lo necesario para que se encumbrara más, porque creo que es una mujer muy valiosa, pero ella ha tomado un camino respetable y político. Yo la respeto y le expreso todo mi cariño y le deseo la mejor de las suertes, pero ciertamente esa no es ni mi posición personal ni creo que es la posición política del PPC.
Ahora, deberían preocuparle las cifras que ha obtenido el PPC, o la alianza Unidad Nacional, llegaron solamente al 0,4% de votos, ¿a qué lo atribuye?
Por supuesto que ha sido un resultado desastroso, que revela varias cosas. En primer lugar, que el espacio del centro derecha, que es el nuestro, fue copado por el fujimorismo y por Renovación, y no hemos logrado abrir una grieta que nosotros considerábamos que era importante abrir. Nuestro electorado ha preferido dos candidatos y ha concentrado su votación en ellos. Pero quizás la pregunta de fondo que tiene que ver conmigo es, ¿cuál debe ser la tarea a partir de enero? Yo creo que hay una reflexión serena a hacer. Si nos mantenemos como un partido social cristiano estrictamente o si abrimos un poquito la cancha a la posibilidad de unir fuerzas con otras figuras que no necesariamente han militado en el PPC y que pudieran plantear un proyecto un poquito más amplio.
¿Hacia dónde?
Del centro a la derecha. Yo creo que ese es el espacio en el que tenemos que estar. Creo que hay un espacio muy importante que se ha expresado en las urnas y que va a expresarse, sin duda, en esta segunda vuelta. Y creo que todavía hay una tarea por hacer de organización política seria en ese sector. No será conmigo, será con una nueva generación. Nosotros intentamos el año pasado, con esmero y sin ningún éxito, forjar una alianza. Y no fue posible. Por eso hicimos la nuestra, pequeña. Pero esa reflexión sobre la reconstrucción política de un espacio político me parece una tarea que, con humildad, valdría la pena hacer.
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Hablemos de la derecha entonces. Antes de la primera vuelta fue bastante crítica del señor López Aliaga, básicamente por lo que ocurrió con Jerí y el encumbramiento del señor Balcázar. Dijo de él puntualmente: Ha demostrado que no es un hombre de Estado, no tiene visión real de la política. ¿Sigue creyendo eso?
Creo que lo de Jerí fue un error, lo sigo creyendo. Esa decisión concreta. O sea, creo que podía haberse buscado la salida de Jerí, pero había que tener muy clara cuál era la alternativa. Y creo que ese momento para él ha significado el costo de los hechos futuros en la campaña. Yo lo comprendo perfectamente en su indignación, en la sensación que tiene de que ese pequeño puñado de votos que marcan la diferencia y que le impiden el pase a la segunda vuelta, pudieron haber estado en algunos de los muchos problemas que se han advertido y que no han sido suficientemente escudriñados. Esa ira, esa mortificación la comprendo. No necesariamente comprendo su beligerancia frente a todos. Creo que eso no lo ayuda. Creo que a veces ha mostrado ser una persona demasiado intemperante que, en aras de defender su verdad, en la que seguramente cree, enfrenta a todo el mundo. Y para el momento actual, entre las cosas que hay que pensar de esa reconstrucción de la que le estoy hablando, en cómo personificar esa centroderecha, un poco más serena, yo creo que López Aliaga con sus actitudes ha dejado de ser convocante. Ahora tiene una enorme responsabilidad, que yo creo que debe pasar por respirar hondo, por entender, como dice Churchill, que la política es el arte de tragar sapos, y por tender los puentes necesarios
¿Podrá? Porque ha dinamitado muchísimos puentes. Ha amenazado a mucha gente en las instituciones públicas. No sé si su perfil reúne lo que usted dice.
Usted pregunta si podrá. Deberá, diría yo. Tiene que pasar este momento de amargura, de frustración, de mortificación, porque al final vamos a la segunda vuelta siempre con preguntas, con sombras, con dudas, y él con mayor razón, habiendo sido el actor directo. Pero necesitamos, en nuestro sector político, en la derecha, sumar fuerzas. Las circunstancias hacen que la candidata que representa a ese sector, con sus propias virtudes y limitaciones, sea Keiko Fujimori. Y creo que hay que sumar esfuerzos hacia ella. Y creo que, lo más importante, es que, llegados al gobierno, tienen que entenderse. Pero no solo eso. Ambos tienen que tender puentes, por ejemplo, con Buen Gobierno. O sea, creo que el señor Nieto se convierte en un factor de estabilidad fundamental en el Perú. Su puñado de parlamentarios en la Cámara de Diputados y Senadores son determinantes, y él, como figura política, es una figura de equilibrio importante.
Por eso está tan silencioso.
Sí, se está dejando querer, a ver quién le guiña el ojo mejor (se ríe). Pero más allá de la decisión política que pueda tomar en la coyuntura electoral, es evidente que se convierte en un actor político muy relevante, y que las fuerzas, que yo espero se entiendan, Fuerza Popular y Renovación, tendrán que mirarlo en más de una ocasión, no sé si para sumarlo al gobierno, pero sí para tender puentes.
A Roberto Sánchez lo ha llamado el falso sombrero, pero entiendo que su procedencia no es lo que más le preocupa. ¿Qué es lo que más le critica a Roberto Sánchez como candidato?
El falso sombrero es una expresión, pero sí quiere graficar lo que siento. El señor Sánchez no es el profesor chotano, no es el campesino.
No es Pedro Castillo.
No lo es. Y se ha impostado, y con esa figura impostada debo reconocer que audazmente ha conseguido un electorado, que ha visto en él, con el sombrero que además le queda bien grande, esa persona que siente que fue golpeada, maltratada, dejada de lado. Pero esa es una figura impostada, eso no es el señor Sánchez.
En su defensa, si hago de abogado del diablo, tendría que decir que Pedro Castillo es el que le ha dado ese encargo.
¿O sea que fue Pedro el que le dijo ponte el sombrero? Bueno, puede ser, no sé de dónde nació la idea. Y tengo que reconocer que electoralmente les ha ido bien. Pero, una vez más, y estoy hablando casi de una reflexión ética, ¿es la figura impostada la que se debe vender o es la autenticidad del líder? Yo prefiero la autenticidad del líder y me parece que él no es un líder auténtico. Si a eso le sumamos su trayectoria, que se pelea con Yehude y lo traiciona, que deja de lado a Verónika, que primero actúa con Castillo de una manera, luego se suma, que ahora trae a Antauro para que lo acompañe y después lo quiere dejar de lado. Bueno, es un poco jugador el personaje.
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Bueno, entonces vamos a ver la propuesta alternativa. Ya que me hablaba de que Sánchez es un jugador y de que la gente que ha estado aliada a él termina perdiendo. En el otro lado ha pasado lo mismo. El señor Kenji Fujimori podría decir mucho de las actitudes de su hermana.
Seguramente.
¿Le tiene alguna crítica a Keiko Fujimori?
Sí, por supuesto. Yo fui muy crítica de la actuación general de Fuerza Popular después del triunfo de PPK. Y creo, además, que como todos tenemos tan cerca en la retina eso, ese es el escenario que no hay que repetir. Yo considero que lo que hemos vivido en una década, desde el 2016 hasta la fecha, es la consecuencia de un momento en el que el 70% del electorado habíamos optado por estas fuerzas que debieron entenderse y su no entendimiento, su enfrentamiento, ha generado esta vorágine en una derivación hacia abajo que para mí ha sido muy negativa. Esa es la crítica central. Creo que es una lección que ella tiene que haber aprendido porque, además, ha tenido para ella unos costos personales muy grandes. La crisis del 2016-2017, en mi concepto, es el origen de toda esta hecatombe que hemos tenido, que terminó en un nefasto gobierno de Castillo y en una sucesión de tres presidentes.
Todo debido a que la señora Fujimori es una mala perdedora.
Todo debido a que, en ese momento, quizás, esa fuerza política no logró comprender, no tuvo la madurez necesaria para entender que, aunque tuvieran cuestionamientos al proceso electoral, había un electorado que respaldaba a esas dos fuerzas políticas, y a ellos particularmente más porque tenían una fuerza mayoritaria en el Congreso. Eso les daba la posibilidad de ver enrumbado el país de una manera irreversible.
Claro, políticamente era el gran momento del encumbramiento de la derecha.
Pero por supuesto.
Y la señora Fujimori hubiera sido la sucesora de PPK tranquilamente, si se hubieran apoyado.
Creo que entraba caminando a Palacio. Pero esto tenía un costo personal muy grande que espero ya haya asimilado. Y por eso, ahora, mi preocupación.
¿No le hace ruido que la señora Fujimori haga campaña diciendo voy a gobernar como mi padre o voy a traer el orden de hace 26 años?
Es que, a ver, si la frase la tomo en el sentido que le señalaba hace un rato, yo, que fui una crítica durísima de Fujimori en los 90, sí tengo que reconocer que tenía esa virtud: ir con su lapicerito, con su libretita, sentarse en una piedra, apuntar cuántas ventanas le faltaban al colegio, en qué estado estaban los baños. Seguramente, al día siguiente, mandar al coronel o al emisario y poner eso. Esa cercanía de un Estado que además reemplazaba a la presencia terrible de Sendero Luminoso en la serranía y en la mayor parte de nuestro país fue muy importante. Creo que es un estilo de gobierno que se necesita. De ninguna manera estoy pensando en el autoritarismo, ni creo que (Keiko Fujimori) lo esté pensando.
Pero también resulta presuntuosa la frase. Porque si uno dice: Vamos a traer el orden que dejaron los ministros del Interior de mi padre, habría que decir que algunos de esos ministros terminaron presos por corrupción.
Tampoco sé exactamente qué es lo que ha querido decir. Es lo que yo leo.
Escuchándola, siento que está siendo comprensiva con el padre. Entendería que podría tener dudas sobre Keiko. Digamos, ha construido efectivamente un partido.
Estoy tratando de ser objetiva.
Pero, a ver, recuerdo a la Lourdes Flores del 5 de abril del 92, pidiendo la vacancia de Fujimori por la ruptura constitucional, enfrentándose a Marta Chávez por la amnistía al grupo Colina.
Y no retiraría ninguna de esas críticas porque yo creo que fueron, desde mi perspectiva, graves errores del gobierno de los 90. Pero trato de ser objetiva. Han pasado, y eso es lo que yo creo que en la vida le dan a uno los años, tres décadas, y entonces ya uno tiene un poquito más de perspectiva.
¿Ya ha olvidado la legisladora que fue?
¡No! Es que creo que las críticas hechas en ese momento siguen teniendo valor. El autoritarismo, la reelección, la corrupción que hubo. Todo eso es, por supuesto, muy negativo. Pero también, en el balance positivo, tengo que decir que hubo una reforma económica que me parece importante. Fui partidaria del Acuerdo de Paz con el Ecuador y lo respaldé. Me gané el mote de Miss Tiwinza.
Hace unos meses, en Epicentro, dijo: la derecha debe ser conservadora, pero no troglodita. ¿A qué se refiere?
Porque yo creo que el Perú necesita mucha tolerancia. Yo soy una persona conservadora, que creo en valores como la vida, la familia, pero creo que hay que respetar el derecho individual de las personas.
¿No apostaría por el aborto o la eutanasia?
Ciertamente no. Apostaría por una política en favor de la familia, reconociendo que una parte importante de las familias del Perú son monoparentales y hay que darles toda la atención. Pero apostaría por lo que yo creo que le da estabilidad a una sociedad, un núcleo que te enseñe a ser persona, a desarrollarte como persona. Creo que eso es fundamental, a pesar de que soy una mujer soltera y de que no tengo hijos. Pero ha sido tanto y tan importante en mi vida eso, que yo lo creo y lo asumo como un modelo social. No me gustan las sociedades avanzadas económicamente, desarrolladas económicamente, pero con esa fragilidad que después se muestra en una juventud sin destino. Yo creo en esos valores conservadores.
Pero no en la imposición.
No creo en la imposición y mucho menos en la discriminación y en el irrespeto por opciones distintas. Yo creo, como cristiana, como socialcristiana, en la dignidad de la persona.
Pero es consciente que hay una parte de la derecha que quisiera meter al Estado a legislar sus creencias íntimas, sus creencias religiosas.
Hay mucho dogmatismo también en algunos sectores. Y fíjese que no les ha ido mal electoralmente a quienes han demostrado que tienen una cierta consistencia con una parte del Perú, que hay que respetar. Por lo demás, el Perú es un Estado laico. Se le da preferencia a la Iglesia católica en nuestro país por el peso histórico que tiene. Pero se respeta a todas las religiones y se respeta a los ateos…
¿A los ateos? La van a ver mal en la misa el domingo por haber dicho eso.
¿Por qué? Hay que respetarlos, claro que sí. Son seres humanos con la misma dignidad que uno. No hay actitud más cristiana que comprender a quien no piensa como uno o a quien no cree como uno. El dogmatismo genera esa sociedad polarizada de la que yo creo que hay que salir.