Hubo un tiempo no tan lejano en el que los sevillanos que vivían en localidades como Osuna, Marchena o Arahal, podían plantearse sin ningún tipo de problema estudiar o aceptar un trabajo en Sevilla, porque sabían que existía un servicio de tren de cercanías y de media distancia fiable, accesible económicamente y en el que podían confiar de forma diaria. Ese tiempo pasó, se esfumó de manera completamente inexplicable y los viajeros ya sólo se tienen a sí mismos los unos a los otros, porque han sido abandonados por un servicio degradado, decadente, ineficiente y en el que ya no se puede confiar. Los problemas comenzaron de manera cada vez más clara a partir de la pandemia, momento en el...
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