El magistrado Ángel Márquez , un histórico de la judicatura sevillana, se jubila, poniendo de esta manera fin a una saga familiar querida a la par que respetada en la Audiencia Provincial. Será el próximo 27 de este mes de mayo cuando ponga fin a una larga trayectoria en la que este juez, hijo de Pedro Márquez Buenestado, tuvo entre sus manos asuntos de relevancia como el caso Juan Guerra, el juicio contra Manuel Ruiz de Lopera en el caso Betis o Mercasevilla. Con la salida de Ángel Márquez de la Audiencia de Sevilla se pone fin a un capítulo peculiar y casi inédito en la judicatura. Sus tres hermanos, Pedro (fallecido), Rafael y Juan también ejercieron en este órgano. Incluso, Rafael, Juan y Ángel se fueron dando el relevo como presidentes de la Audiencia de forma accidental desde la salida de Damián Álvarez hasta el nombramiento de Álvaro Martín. Y, como otro dato anecdótico, los tres hermanos se han jubilado en un mes de mayo de años consecutivos. El Boletín Oficial del Estado publica este jueves el acuerdo de 27 de abril de 2026 de la Comisión Permanente del Consejo General del Poder Judicial , por el que se convoca concurso para la provisión de cargos judiciales entre miembros de la Carrera Judicial, con categoría de magistrado. Entre estos cargos se encuentran las presidencias de la Sección Segunda (civil) y de la Sección Tercera (Penal) que hasta ahora ocupaban Andrés Palacio y Ángel Márquez, dos veteranos magistrados que se jubilan. A estas plazas, como han precisado a este periódico fuentes de la judicatura, pueden optar cualquier magistrado, que serán seleccionados por la antigüedad en el escalafón de la Carrera Judicial y por la materia. Esas mismas fuentes señalan que José Manuel Holgado , compañero de Márquez, podría ser uno de los candidatos a presidir su sección, en la que comparte plaza con María Núñez Bolaños. Igualmente, en el Boletín Oficial del Estado se convoca plaza para Dos Hermanas y otra más en la Sección de Familia, Infancia e Incapacidad del Tribunal de Instancia de la capital. Con la jubilación de Ángel Márquez se cierra una saga familiar de juristas en la Audiencia de Sevilla, a la que nunca llegó su padre, Pedro Márquez Buenestado , el iniciador de la misma. Y no lo hizo precisamente para no perjudicar las carreras de sus cuatro hijos jueces. Si él hubiese accedido a la Audiencia, por una cuestión de incompatibilidad, sus hijos no podrían haber ejercido en la provincia de Sevilla, donde llegaron a coincidir los cinco en activo antes de que el magistrado Márquez Buenestado se jubilara en 1992. Él era el titular del Juzgado de Primera Instancia número 3; su hijo Pedro, de Primera Instancia número 2; Rafael, de Instrucción 7; Ángel, de Instrucción 6; y Juan, de Instrucción 2. En un momento determinado coincidieron Rafael presidiendo la Sección Segunda; Ángel, de la Tercera y Juan, de la Quinta. Los tres, de forma provisional y accidental debido al bloqueo del Poder Judicial para su renovación y tras la jubilación de Damián Álvarez, pasaron por la presidencia de la Audiencia de Sevilla. La tercera generación de los Márquez sigue, de una u otra forma, vinculada al mundo del Derecho. Carmen Márquez Bozal es fiscal en Sevilla y Pedro Márquez Rubio ocupa la plaza número 2 de la Sección de lo Mercantil del Tribunal de Instancia de Sevilla. También hay abogados, letradas de la Administración de Justicia e inspectoras de Hacienda. Pedro, Juan, Rafael y Ángel se llevaban entre sí un año de edad. Vivían y compartían con su padre los casos que éste llevaba. «Casi deliberábamos con él», bromeaba Rafael, en declaraciones a este periódico al recibir un homenaje de la Tertulia Justicia y Caballos. «Lo volveríamos a ser» . Lo afirmaba en plural porque todos se mostraban felices de haber adoptado esa decisión en su vida: ser juez. Uno de los casos que más marcaron su trayectoria fue el de Juan Guerra, el hermano del entonces vicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra. Ángel Márquez tenía 35 años cuando le llegó el asunto. Por aquellos años era un desconocido juez que trabajaba en el mismo despacho que habían ocupado cuatro miembros de su familia y que heredaría Mercedes Alaya años después. Ahí estaba cuando, durante otra investigación, intervinieron unas conversaciones en las que se hablaba de entregas de dinero y, por reparto, el caso cayó en sus manos junto a las querellas de IU y PA. Y Márquez, tímido y amable y cuyas investigaciones hicieron dimitir a todo un vicepresidente del Gobierno, se ponía a ello. Serían años de investigación, de trabajo incansable y de salir a diario en las fotos. Tuvo que quitarle horas a los suyos, sobre todo a sus hijos pequeños. Y hubo momentos duros. Fue amenazado. Por ETA y por unos presos del Puerto de Santa María. Le pusieron alguna vigilancia pero no guardaespaldas. «Me agachaba antes de montarme en el coche y mi mujer me traía al juzgado», rememoraba a este periódico en el aniversario del caso. También recuerda cuando entraron en su despacho. El magistrado fue consciente de la trascendencia del caso. «Me di cuenta desde el principio de que era muy gordo», admite. La investigación fue difícil. Sin medios. No tenía ni aire acondicionado pese a que trabajaba por las tardes. Manejó miles de folios. Sin Internet.«Llegué a saberme el sumario de memoria», explica. Después, años después, le tocaría también intervenir en el caso de Lopera o Mercasevilla.