Montero frena los «navajazos» en el PSOE-A en campaña
María Jesús Montero, candidata socialista a la presidencia de la Junta de Andalucía, tien, tiene a una parte de su partido más pendiente de lo que pase el 18 de mayo, el día después de las elecciones autonómicas, que de la campaña electoral. La exvicepresidenta primera y exministra de Hacienda, en cualquier caso, ha frenado los movimientos internos que se están produciendo en dos territorios: en Sevilla y en Jaén. En estas dos provincias hay quienes ya piensan en clave sucesoria. Pero Montero, que tiene garantizado el control orgánico del PSOE andaluz, ya ha dejado claro que se mantendrá al frente al menos hasta el próximo congreso autonómico. Es decir, al menos dos años.
Las encuestas no son nada prometedoras para Montero. La mayoría de encuestadoras señalan que puede dejar a su partido con menos escaños de los que 30 que ya tiene y que ya son el mínimo histórico en una Cámara en la que los socialistas fueron una apisonadora durante cuatro décadas. Por eso, en el partido se piensa en dos rostros alternativos. Las fuentes consultadas en el partido admiten que, en estos momentos, hay dos nombres en la cabeza de los socialistas andaluces como hipotéticos recambios de la exvicepresidenta: el de María Márquez, actual «número dos» y portavoz parlamentaria –impulsada por la propia Montero–, y Javier Fernández, presidente de la Diputación de Sevilla.
No obstante, todas las fuentes consultadas en el PSOE-A admiten que la maquinaria electoral está en marcha, a pleno rendimiento. Los socialistas están movilizados para intentar lograr el mejor resultado posible en las elecciones del próximo 17 de mayo. A todos les va la vida en ello por mucho que haya quien esté con ganas de replicar el «modelo extremeño», donde Álvaro Sánchez Cotrina, de 39 años, se ha hecho con las riendas del partido sin ser la apuesta dirigida de Moncloa. Los socialistas extremeños no quisieron una imposición procedente del Consejo de Ministros.
Y en Castilla y León, donde el candidato –el alcalde de Soria, Carlos Martínez– tampoco tenía silla en Moncloa, las cosas salieron mejor que en Aragón, donde la exministra Pilar Alegría recibió un sonoro tortazo de los aragoneses al igualar el peor resultado histórico del partido. Todo indica que el golpe que se llevará Montero será parecido al de Alegría; motivo por el que dentro del PSOE culpan a Pedro Sánchez y a la política nacional de los malos resultados en las elecciones autonómicas. Pero los cálculos de Montero y del socialismo andaluz son justamente los contrarios.
La exministra de Hacienda, que ayer se enfrentó al primero de los debates electorales en televisión, quiere movilizar a medio millón de electores que hace tres años votaron PSOE en las generales y ahora se pueden quedar en casa. De hecho, algunos gurús demoscópicos no hacen más que repetir que la mayoría absoluta de Juanma Moreno de 2022 se produjo con solo un 58% de participación.
En Andalucía, los socialistas tienen una fidelidad de voto del 65%, mientras que el PP está en el 75%, con los abstencionistas y nuevos votantes siendo suyos casi sin discusión. Como contó este diario, el incipiente sector crítico del PSOE a nivel federal está dispuesto a plantar batalla en algunas federaciones, como en Madrid y en Valencia, donde se quieren forzar primarias para elegir un candidato alternativo a los designados por el secretario general. Sánchez planificó los desembarcos de los ministros Óscar López y Diana Morant. Pero ambos tienen dudas sobre la viabilidad de sus candidaturas.
Entre los citados críticos se ha asentado la idea de que Pedro Sánchez seguirá al frente de la organización incluso en un escenario adverso en 2027, lo que convierte el poder territorial en una pieza clave de su estrategia. La obsesión del líder no es conseguir un resultado que le permita gobernar, sino ganar al PP en votos –algo plausible– para tener legitimidad interna y seguir en el trono de Ferraz. En el partido señalan el ascenso de Carlos Cuerpo al rango de vicepresidente primero del Gobierno como ejemplo de una lógica en la que el control del poder se impone sin dejar espacio a la construcción de liderazgos autónomos alternativos. De hecho, Sánchez no se fía de estos nuevos liderazgos.
El presidente se juega mucho al Sur de Despeñaperros. El laboratorio electoral andaluz marcará, en buena medida, las cartas de todos los partidos hasta el final de legislatura. En el PSOE, mientras, esperan. Poco a poco comienza a elevarse en las filas socialistas una nueva generación a la que el recuerdo del Comité Federal del 1 de octubre de 2016 le parece el pleistoceno. Esos socialistas están «en modo hibernación», según cuentan a este diario varias fuentes del partido. Todos están a la espera del desenlace de Sánchez se ha visto sometido a muchas presiones para adelantar las generales y hacerlas coincidir con las andaluzas y próximamente con las municipales.