A orillas del Mediterráneo, en la localidad barcelonesa de Mataró, se encuentra la sede de Leonart Motors, una marca de motocicletas que, desde su nacimiento en 2004, ha estado impulsada por una gran pasión familiar. Los Llorens comenzaron su andadura especializándose en el diseño de motos custom de estilo chopper, como la primera Spyder, impulsadas por mecánicas monocilíndricas de 125 cc. Llegaron más modelos, como la Daytona 125, la gama Bobber, la Tracker 125 o la Pilder 125, motocicletas accesibles dirigidas a motoristas que buscaran un estilo neo-retro. Sin embargo, a partir de 2022, Leonart comenzó a explorar nuevos segmentos, aventurándose a lanzar la eléctrica Rigger, diseñada íntegramente por su equipo, o una naked deportiva como la Pulse 125, en un claro afán de ampliar los horizontes de la marca con nuevos modelos capaces de atraer diferentes tipos de usuarios. La última propuesta es esta Racer 300, que supone el ingreso de Leonart Motors en el mundo de las trails asfálticas para el carné A2. En realidad, tras una semana probando una unidad de este nuevo modelo, me ha quedado una sensación de que, más que una adventure de iniciación, la Racer 300 es una crossover urbana. Es cierto que luce una configuración similar a las trails, con esas suspensiones de largo recorrido y un manillar elevado, capaz de generar una postura de conducción erguida y cómoda, pero el resultado dista mucho de convertirla en una moto apta para excursiones camperas. En el segmento de las trail de 300 cc, la mayoría de modelos equipan llantas delanteras de 19 o 21 pulgadas, ofreciendo una adaptación al uso off-road. Sin embargo, la Racer cuenta con una rueda delantera de 17'', un claro indicativo de su perfil completamente asfáltico, en sintonía con ese enfoque urbano que comentábamos. Además, no cuenta con los habituales elementos de inspiración endurera que suelen montar, tales como paramanos, neumáticos con tacos, llantas de radios o escape elevado. Sí que cuenta con cubre-cárter, uno de los pocos elementos que la protegería en alguna aventura fuera de asfalto. La configuración de la Leonart, a pesar de ese look trail, camina en otro sentido, en ofrecerse como una moto fácil y ágil, ideal para desenvolverse en el tráfico diario cada día gracias a su tamaño compacto y su ligereza y, en ocasiones, aventurarse a realizar esos primeros viajes de corta o media distancia por carretera. Tiene una buena presencia pero, cuando te acercas a ella, sorprende lo compacta que es. Es fácil de manejar en parado y, una vez a bordo, el conductor sentirá en todo momento comodidad y facilidad de uso. Motoristas con el carné A2 que deseen ganar experiencia con una moto versátil, tendrán en la Racer 300 una interesante opción. El asiento, de doble altura, es espacioso y ofrece un confortable mullido. Además, está a tan solo 790 mm del suelo facilitando mucho el apoyo de los pies en el suelo gracias, también, a la estrechez del arco de piernas. Las formas de la carrocería y del depósito acogen las piernas del conductor con ergonomía y la posición de brazos y espalda es relajada. El manillar cae perfectamente a manos, y está en una posición bastante adelantada y alta para carretera, pero ligeramente baja en caso de uso off-road. El triángulo ergonómico se adapta muy bien a usuarios de talla grande, ya que los pies quedan bajos y las rodillas no quedan cerca de los puños. El principal atributo de esta Racer 300 es su extrema manejabilidad. Cambia de dirección de manera tan sencilla que su manejo resulta, para todos los niveles de conducción, muy sencillo. Cuenta con una pequeña cúpula parabrisas que protege ligeramente del impacto del viento. Diseñada y ensamblada en Barcelona, está equipada con un motor monocilíndrico de 292 cc, de 4 tiempos con refrigeración líquida y 28 CV de potencia máxima a 9.500 rpm. Su par máximo es de 25 Nm y está asociado a una transmisión de 6 velocidades. No consume mucho, poco más de 3 litros a los 100 km, cifra que junto a un gran depósito de gasolina de 17 litros permite ofrecer una autonomía superior a los 500 km. Lo que marcará tus detenciones en ruta serán las «paradas técnicas», no la falta de autonomía de esta moto. En esta moto no te vuelves loco teniendo que escoger en la electrónica, a base de pulsadores, ni controles de tracción, ni modos de motor, ni otras zarandajas obviables en una moto de 28 CV. Basta darle al «demarreur», colocar la primera, para sentir ronronear las vibraciones sólidas pero bien amortiguadas del motor. El equipamiento es el de una moto sencilla y económica, destacando su iluminación Full LED en faros y señalización y su pantalla de instrumentación TFT a color. Si buscas prestaciones, y con ello exprimir el gas por encima de medio régimen, la «limitación» del motor a sus 28 CV legales es evidente, pero es realmente capaz de ofrecer una velocidad media suficiente como para rodar con seguridad en carreteras periféricas, lo que sin duda aumenta su radio de acción. El motor, teniendo en cuenta su cilindrada, es brioso y empuja bien, sobre todo a partir de las 3.500 rpm. Su potencia es suficiente para una moto que pesa 150 kg. El embrague es suave, y el cambio es preciso. La moto se estructura sobre un chasis multitubular de acero, montando una horquilla invertida en el tren delantero y un monoamortiguador trasero. El equilibrio de las suspensiones es bastante tradicional: seco atrás, progresivo delante. Por lo que respecta a los neumáticos, la Racer 300 cuenta con un delantero 110/70-17 y un trasero de 140/60-17, calzados sobre llantas de aluminio. La frenada, con discos en ambos trenes, está bien proporcionada con su peso, y es modulable y lo bastante potente aunque con buena progresividad. Será por su cilindrada de 292 cc, en ningún caso exagerada para las necesidades de hoy en día, será por un precio (3.999 €, aunque dispone actualmente de una oferta de lanzamiento de 3.599 €) adaptado a casi todos los bolsillos, o por su versatilidad, esta pequeña crossover parece tener muchas cualidades para convertirse en la aliada de usuarios que comienzan y desean ganar experiencia, o quienes simplemente buscan una moto «de proximidad» para desplazarse con confort y bajos costes en el día a día.