Miguel Anxo: "Las CCAA deberían recaudar una parte mayor de los tributos"
Miguel Anxo Bastos Boubeta es economista, politólogo y profesor de Ciencias Políticas y de la Administración de la Universidad de Santiago de Compostela. Conocido por su defensa del liberalismo económico, acaba de publicar "Lo pequeño es posible, cómo el tamaño define el futuro de una nación" (Deusto).
¿En qué momento el crecimiento del Estado deja de ser útil y empieza a ser un problema?
No hay una línea clara. Tampoco existe un tamaño mínimo absoluto para que haya Estado. Aristóteles hablaba de seis o siete mil personas, y hay territorios que casi llegan a esa escala. Pero la escala influye. A partir de cierto tamaño, los Estados empiezan a demandar otro tipo de bienes y servicios. Irlanda es un país marítimo, pero no necesita grandes buques de guerra. Francia o España, en cambio, sí aspiran a tenerlos. ¿Por qué? Porque al cambiar la escala también cambian las ambiciones y los gastos. En un país pequeño el coste se percibe de forma cercana. Eso hace que muchos gastos superfluos y muchas regulaciones se eviten. En los Estados grandes, como el gasto se divide entre millones de personas, parece que toca a poco. Pero al final se acumulan muchos gastos pequeños y acabas con un Estado muy costoso.
¿Un Estado grande protege más?
No necesariamente. Proteger más también puede significar llevar una vida pacífica e intentar no llevarte mal con los vecinos.
¿Y controla más?
Intenta controlar más, pero también es más difícil de controlar a él. En Andorra, por ejemplo, el ciudadano puede tener acceso real a sus representantes. Allí el cónsul conoce el terreno, la gente le dice las cosas directamente. En un Estado grande, no sé si Sánchez, Feijóo o cualquier otro dirigente conocen de verdad las condiciones concretas del país, los bares, las tiendas, los problemas cotidianos de cada territorio. En un país pequeño, los gobernantes son más sensibles y más controlables.
¿Es más fácil corromper un Estado grande?
La pregunta es: ¿qué es más barato, comprar a diez comisarios europeos o a doscientos ministros de países pequeños? Y, una vez comprados, ¿cuál es el retorno? Si alguien consigue influir en un comisario europeo, el beneficio puede ser enorme, porque afecta a un mercado de cientos de millones de personas. En cambio, si compras a un ministro de un Estado pequeño, el beneficio potencial es mucho menor. Por eso ciertas dinámicas de lobby son más rentables cuanto mayor es la escala política.
¿No cree que estamos ya demasiado fragmentados?
Podríamos estar más; de hecho, ya lo estuvimos. En España se suele mirar mal a los reinos de taifas, pero no fueron necesariamente una etapa negativa. Tuvieron una gran prosperidad económica, una moneda fuerte y fueron centros culturales importantes. Muchas ciudades andaluzas son lo que son también por aquella historia.
¿Qué mejoraría del Estado autonómico?
La responsabilidad fiscal. Las autonomías deberían recaudar una parte mayor de los tributos que gastan. El problema actual es que muchas comunidades gastan mucho, pero no recaudan directamente buena parte de esos recursos. Eso genera cierta irresponsabilidad. Avanzar hacia una mayor autonomía fiscal me parecería correcto. Incluso hacia modelos de recaudación más parecidos a los del País Vasco o Navarra.
¿Todas las comunidades deberían parecerse más al País Vasco en materia fiscal?
El sistema tiene mala prensa, pero permite competir y mantener gastos comunes. Suiza funciona en buena medida así: hay impuestos federales, pero también una gran autonomía fiscal de los cantones. Y no pasa nada. Al contrario, eso genera responsabilidad. Si tú tienes que recaudar y explicárselo a tu población, actúas de otra manera.
¿Se considera europeísta?
Sí, creo que soy muy europeísta. Europa nunca ha estado unida como ahora. Pero una cosa es Europa como mercado común y otra una Unión Europea cada vez más grande y centralizada. Cuanto más crece, más problemas potenciales aparecen. Meter a Ucrania, Moldavia o Georgia, por ejemplo, no es solo una cuestión de pobreza. Cuanto más grande es la Unión, mayor es el número potencial de conflictos.
¿La Unión Europea funciona como un gran lobby?
No diría que es un lobby, pero sí que concentra un poder regulatorio enorme. Puede regular el aceite de oliva, los envases o los tapones de plástico. Y cada regulación tiene costes y beneficiarios. Quien fabrica esos productos puede tener incentivos para influir. En un Estado pequeño, ese tipo de operaciones serían más difíciles o menos rentables.
¿Los procesos de secesión son necesariamente peligrosos?
Algunos han sido violentos, claro. Pero otros no. Montenegro se separó pacíficamente. Checoslovaquia también se dividió en dos países y ambos han tenido éxito.
¿Podría pasar algo así con Cataluña?
Tampoco creo que necesariamente pasara una catástrofe. La historia está llena de imperios que se dividen y países que continúan. Austria fue parte de un gran imperio, después se separó, luego se unió con Alemania y después volvió a separarse. Y el país siguió. A mí me gusta que haya autonomía. Me gusta que España esté descentralizada.
También ha defendido el modelo fiscal de Madrid.
Sí, porque Madrid puede hacerlo. Goza de un mejor sistema fiscal porque tiene libertad para aplicar sus políticas y asume las consecuencias. Otros sitios son más restrictivos. Yo siempre defiendo esa libertad.
¿Cuál sería su lugar ideal para vivir?
Galicia. Soy de aquí, estoy acostumbrado a esto, a la comida, a la gente, a la forma de vivir. Cuando voy a otros sitios la gente puede ser fantástica, pero mi sitio es este. Y me gusta que esté descentralizado.