Preocupación por la «politización» de la visita del Papa León XIV a España
España se prepara para recibir por todo lo alto a León XIV, sumo pontífice la Iglesia Católica. La última vez que el sucesor de San Pedro aterrizó en Madrid, en agosto de 2011, en la Puerta del Sol aún resonaban los gritos de los indignados que unos meses antes acamparon para exigir un reseteo del sistema.
Benedicto XVI presidió entonces la Jornada Mundial de la Juventud en la capital a la vez que los jóvenes españoles creaban el 15M, un movimiento que cambió para siempre la política española. Quince años después, la indignación ciudadana con el sistema se mantiene. Ahora, la pulsión radical de Podemos la agita Vox; un partido en las antípodas de los morados. La España de 2011 estaba fuertemente politizada (y polarizada) y la de 2026, también.
Por eso, según ha sabido este diario por fuentes diplomáticas de alto nivel, los organizadores del viaje del Papa están preocupados por su «previsible politización». Esta preocupación, según las citadas fuentes, también se extiende a la Casa Real, aunque fuentes oficiales de Zarzuela niegan que exista tal inquietud. El Rey Felipe VI no quiere que la convulsa política doméstica manche la visita del jefe del Estado vaticano, a quien invitó personalmente nada más ser elegido Papa.
León XIV llegará a España el 6 de junio y permanecerá en el país hasta el día 12. Serán seis jornadas de actividad frenética en las que el pontífice apenas tendrá un respiro entre encuentros institucionales, actos litúrgicos y visitas a lugares de gran carga simbólica. El Papa permanecerá en Madrid hasta la mañana del 9 de junio, momento en el que se trasladará a Barcelona.
Tras dos días en la ciudad condal, el viaje concluirá con una intensa etapa canaria los días 11 y 12, donde se espera que el Pontífice ponga el foco en la realidad migratoria de las islas. El Gobierno de Pedro Sánchez, la Archidiócesis de Madrid, la Casa Real y el Vaticano llevan meses confeccionando el guion. Las fuentes consultadas explican que en esta ocasión «no está habiendo fricciones por la planificación de la agenda».
Y eso que roces previos entre Exteriores y la Casa Real provocaron situaciones diplomáticas comprometidas, como la no asistencia de los Reyes a la inauguración en París de la reconstruida catedral de Notre Dame. El contacto del Gobierno con la Archidiócesis es Alberto Herrera, subsecretario de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, dependiente del ministerio que dirige Félix Bolaños.
La agenda la está organizando directamente el equipo del cardenal Cobo. Mientras que Yago de la Cierva y Fernando Giménez Barriocanal son los hombres movilizados por la Conferencia Episcopal. Las fuentes consultadas sostienen que la inquietud en Zarzuela y en los organizadores se debe a la posibilidad de que tanto Moncloa como el resto de fuerzas políticas «pongan al Papa en algún compromiso».
También porque se usen sus palabras y sus gestos para hacer política interna. El nuncio, el embajador vaticano en Madrid, ya ha puesto la venda. Piero Pioppo quiso rebajar cualquier tensión política cuando declaró recientemente que «España ama al Papa». En Moncloa hace mucho tiempo que se sigue la pista de León XIV, antes incluso de que fuera elegido por Papa. Algunos cardenales trasladaron en su día al ministro Bolaños que el estadounidense Robert Prevost «era muy papable». De manera que el presidente del Gobierno sabía de antemano que le podría considerar un «aliado» en determinadas batallas.
En Moncloa no esconden cierta simpatía por el Papa, puesto que su posición internacional durante este año, crítica con ciertas políticas del presidente estadounidense, Donald Trump, y sensible con el conflicto de Oriente Próximo, se ha alineado con la postura que mantiene el presidente español. Pedro Sánchez ha hecho de la confrontación con Washington toda una bandera política dentro y fuera de España a la que se han sumado más líderes europeos en los últimos meses.
Al principio de su papado, del que se cumplirá el primer aniversario el próximo 8 de mayo, León XIV no hizo menciones directas a Trump, aunque sí criticó algunos aspectos de su política como el trato «inhumano» a los inmigrantes en el país. Y el mes pasado consideró «realmente inaceptable» la amenaza contra el pueblo iraní (ese día Trump amenazó con destruir a toda la población de Irán) y criticó los «delirios de omnipotencia», así como el uso de la religión para justificar bombardeos.
Trump no tardó en responder. Dijo que el Papa es «débil en materia de delincuencia y pésimo en política exterior» y aseguró que «debería dejar de complacer a la izquierda radical» porque «le está haciendo daño a la Iglesia Católica». Lo cierto es que el Ejecutivo de Sánchez ha tratado de seducir a los católicos.
Algunos de sus ministros encumbran el carácter social de la Iglesia, como la vicepresidenta segunda del Gobierno. Y es que el comunismo, tradición ideológica de Yolanda Díaz, y el cristianismo comparten raíces comunitarias pese al laicismo militante de todos los ministros del Ejecutivo. Los gurús demoscópicos del Gobierno saben que los postulados de la extrema derecha no penetran en el votante católico.
Es más, las encuestas que manejan certifican que el votante que se considera católico o católico practicante recurre a papeletas de partidos conservadores-tradicionales. Es decir, al PP. Por eso, en el Ejecutivo no sorprende la beligerancia de Vox con la Iglesia. Su líder, Santiago Abascal, acusó a la institución de «hacer negocio con la inmigración ilegal». Y el portavoz de los obispos, Francisco César García Magán, se vio obligado a calificar esa afirmación de «injuria» basada en una «falsedad» por «pura posición ideológica».
El precedente de 2003.
Cuando Estados Unidos atacó Irán, el Gobierno de Pedro Sánchez se posicionó en contra. Precisamente uno de sus ejes de confrontación interna con el PP ha sido diferenciarse del expresidente José María Aznar, que sí apoyó la invasión de Irak en 2003. Ese año, Juan Pablo II también visitó España y criticó la guerra emprendida por George W. Bush; un tema del que ambos evitaron hablar en su encuentro privado en la Nunciatura Apostólica.
Pero ahora, según las fuentes consultadas, es más que probable que Sánchez y León XIV aborden la guerra en Irán. La imagen del presidente Sánchez y el Papa alineados en ese asunto es una fotografía potente para la maquinaria electoral de Moncloa, puesto que apela directamente al corazón de esos votantes populares que van a misa. Algo similar ocurre con la reciente regularización de inmigrantes que ha llevado a cabo el Ejecutivo.
El hecho de que el viaje del Papa termine en Canarias, puerta de entrada de miles de inmigrantes a Europa, es otra tentación para quienes intenten politizar el viaje de León XIV. Existe expectación ante los mensajes que pueda lanzar el Papa sobre la situación política y social española. Mientras, la jefatura del Estado –que quiere mantenerse al margen de las disputas políticas– espera que todo salga perfecto.
Fuentes oficiales de Zarzuela explican que están al tanto del operativo y que participan activamente en él. Madrid será esos días una ciudad blindada con un despliegue similar al de la cumbre de la OTAN, en 2022. El alcalde, José Luis Martínez-Almeida, ya ha avanzado que la visita no se limitará al centro y alcanzará barrios como «Carabanchel u otros del sur» poniendo el foco en zonas con mayor vulnerabilidad socioeconómica.
Y en Cataluña, el programa contempla paradas destacadas en la Abadía de Montserrat y en la Sagrada Familia, donde se prevén actos de especial carga simbólica y litúrgica. España entera está espectante, entre otros motivos, porque el Papa Francisco declinó visitar el país mientras estuvo el trono de San Pedro. Francisco siempre dijo, de forma un tanto enigmática, que vendría a España «cuando hubiera paz».