La mayor persecución a la iglesia católica fue en España
¡Hasta el Cielo! Estas eran las estremecedoras palabras con las que muchas personas se despedían de sus seres queridos cuando sabían que iban a morir ante un pelotón de fusilamiento, la última frase de tantos mártires españoles que, durante la Guerra Civil, derramaron su sangre en defensa de la fe. «El padre de familia que se despedía de su mujer e hijos, las monjas que lo hacían abrazadas a sus compañeras de convento, o los religiosos presos en una cárcel o una checa. Sabían que iban al martirio», explica el profesor Javier Paredes, que por su significación y trascendencia, la ha elegido como título de su último libro. «¡Hasta el Cielo!» (Editorial San Román) es una narración rigurosa y exhaustiva de «la mayor persecución religiosa sufrida por la Iglesia católica en sus dos mil años de existencia, superando con creces en tres años el número de mártires producidos en los tres primeros siglos de historia del cristianismo». Durante la contienda española, fueron asesinados 12 obispos, 1 administrador apostólico, 4.184 sacerdotes seculares y seminaristas, 2.365 religiosos y 297 monjas, es decir, uno de cada siete sacerdotes y uno de cada cinco frailes, por lo que el clero quedó bastante diezmado. A estas cifras hay que añadir los miles de laicos también ejecutados por motivos religiosos. Se calcula que, entre clérigos y laicos, fueron asesinadas unas 10.000 personas, de las cuales 4.000 se encuentran en proceso de beatificación y a día de hoy, ya han sido canonizados 2.254 mártires entre santos y beatos.
Afán divulgador
Un libro en el que su autor ha huido deliberadamente de cualquier estructura académica plagada de notas a pie de página y discusiones historiográficas para centrarse en la fuerza de lo puramente vivencial y testimonial. «Con un objetivo claro, la divulgación –matiza el autor–, porque yo quería un libro que pueda leerse en el metro, que puedas empezar por el principio, el final o por el medio y no dé pereza leer porque no llega a 200 páginas. A estas alturas no me importa sacrificar el academicismo porque lo que quiero es que el máximo de gente conozca la vida de estas personas y su sacrificio porque sin esto no puede entenderse la historia de España que viene después, podemos estar a favor o en contra, pero no desconocerlo y creo que esta es la manera de hacerlo. Pero aunque no tenga esa estructura académica –aclara–, detrás de cada línea hay una documentación exhaustiva, muchas horas de trabajo en los archivos y muchos datos concretos, lo que cambia es la forma de presentarlo», explica Paredes, que ha dividido el contenido del libro en cinco capítulos, los obispos mártires, las religiosas, los religiosos, el clero secular y los laicos, y confiesa que ninguno de los cinco pudo escribirlo del tirón, «en todos tuve que pararme porque la emoción y los ojos nublados de lágrimas no me permitían seguir, como el caso de Francisco García León, uno de los dos niños cordobeses mártires a los 15 años, venerado como el “mártir del escapulario” porque prefirió morir antes que quitarse el de la Virgen del Carmen, o el sacerdote que llevan con las manos atadas y su última voluntad es pedir que lo desaten para bendecir al piquete que lo va a fusilar, casos que estremecen y dan mucho que pensar sobre nuestro propio comportamiento como cristianos si nos comparamos», reflexiona el autor.
Porque en muchos casos no es solo quitarles la vida, «sino la crueldad excesiva con la que se ensañaron, como ocurrió con el obispo de Barbastro o con las tres hermanas que, tras violarlas, les meten palos en las vaginas y al final el cañón de una pistola y disparan para burlarse de la virginidad consagrada. A esta crueldad en las personas –prosigue– hay que sumar la destrucción de daños materiales, es decir, el martirio de las cosas sagradas, robadas o destruidas, iglesias, retablos, ornamentos religiosos o imágenes veneradas porque el objetivo era hacer una sociedad atea, eso es lo que pone de manifiesto ese carácter de persecución total». Para el profesor, la clave de esta persecución es la fe, la creencia, algo que no debe extrañar a los cristianos porque ya lo dijo el Señor, «lo mismo que me persiguieron a mí, lo harán con vosotros». La persecución religiosa es una seña de identidad de los verdaderos cristianos desde el inicio, empezando por los mismos apóstoles, que fueron los primeros perseguidos y martirizados, lo que pasa que no leemos el Evangelio, pero estábamos avisados». Y concluye. «Los mártires son los verdaderos cimientos de la Iglesia católica, su importancia es capital para ella porque son un testimonio supremo de que la fe es más fuerte que la muerte, un ejemplo de la trascendencia de la vida porque Cristo muerto ha resucitado. Como dijo Tertuliano, la sangre de los mártires es semillas de nuevos cristianos».