Como ya hiciera en Pensilvania, Trump esquiva a la muerte y sobrevive a un atentado en Washington. La primera vez sonó como un zumbido de abeja del calibre 223 y la segunda como una bandeja mortuoria, una bandeja de funeral por lo civil que a punto estuvo de convertir el Hilton en el palacio de Maqueronte y la cabeza santa del Bautista en una naranja y con queratosis. Entonces la vida le dio una segunda oportunidad, demostrando que Dios perdona y que hay un mensaje de esperanza para los pecadores, especialmente para los peores, como es el caso. Hoy le da una tercera. Si fuera inteligente y tuviera algo de sensibilidad dedicaría tiempo a reflexionar, a orar y a dar...
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