Un ramo de flores blancas y dos velas encendidas al pie de la puerta que en la madrugada de este pasado jueves presenció una escena desgarradora. Un bloque de pisos, similar a una casa, de aparentemente cuatro viviendas. El silencio es el protagonista del día en la calle Río Jarama de Seseña, Toledo. Tan solo una montonera de coches y autobuses pasan por delante de un pequeño altar improvisado que rompe la normalidad de un edificio donde, hasta hace un día, nadie conocía a Alejandra Maryvin. Tenía 43 años. Nacida en Venezuela, llevaba menos de un año viviendo, de alquiler, en ese bloque. Una llegada discreta, reciente y casi invisible para muchos vecinos que ahora, aquellos que saben qué pasó...
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