El director Miguel Ángel Lamata y la guionista Mayte Novales (autora de la novela en que se basa) vuelven a colaborar en esta historia de fantasma que se queda enganchado en una obsesión por un hombre y una casa, por lo tanto habrá que considerarla una película de terror sobrenatural, y que tiene de protagonista a Eduardo Noriega en un personaje muy equívoco, sospechoso y algo 'caza fantasmas', como en 'Parecido a un asesinato' . La historia comienza con una escena de amor y de muerte, con una mujer ahorcada en el árbol de la casa de su amante, un tipo al que su mujer, o exmujer, rehúye por su afición al sexo contrario y con la que comparte dos hijas en edad de cautela compartida. Como película de terror, 'La ahorcada' no ofrece grandes novedades en un género que, por otra parte, casi nunca las ofrece; tiene un desarrollo previsible, un buen montón de incongruencias y una cierta profundidad psicológica, también algo trillada, al establecer una relación entre el fantasma y la hija pequeña del protagonista. Hay algunos momentos de tensión e impacto visual, pero lo más digno de atención son las interpretaciones, en especial la de la niña Cosette Silguero y la del fantasma, que interpreta Amaia Salamanca desvaída y maquillada a lo gótico para la ocasión y con la insensata tarea de hacerse comprender entre la pasión y la venganza. Eduardo Noriega tiene un papel muy claro y lo entiende y cumple, el de alguien equidistante entre la atracción y la aversión. Quizá le haya faltado al guion y a la puesta en escena una mayor inclinación hacia lo que podría tener de melodrama esa historia de amor odio más allá de la muerte.