“La plata mundial de Doha fue algo bueno, pero en la balanza también hay algo malo. Esa medalla no la disfruté como debería haberlo hecho”, empieza, flamante subcampeona del mundo de 10 kilómetros en aguas abiertas en 2024 y doble medallista europea. “Me había pasado algo bueno, pero llegaba de algo muy malo a nivel personal. Quizá eso también me hizo sacar la fuerza de donde no la tenía”, explica. “Pero también
pasé de ser María de Valdés, sin más, a ser María de Valdés, plata mundial, clasificada para los Juegos y tras perder a su padre”, continúa. “Estuve dolida, triste, me presioné mucho y sentía esa presión desde fuera”, añade.
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