En El Adriático, toda visita llega a buen puerto: Vuelva a conocer el bar de barrio Luján
Hay que vivir muchos años en el mismo sitio para darse cuenta de que todo cambia. Las calles siguen siendo las mismas (más o menos), uno también (más o menos).
Pero el destino de una ciudad es cambiar, desaparecer, deshacerse, rehacerse. Y algo así ha pasado con el bar El Adriático, anclado en una esquina frente a barrio Luján, que va para 80 años y quién sabe cuántas encarnaciones.
Siempre he querido robarme el título de un libro de Juan Tallón: Mientras haya bares. Pero no podría. El caso es que mientras haya bares habrá anclas en el mar agitado, sucio y confuso de San José, porque aun en sus esqueletos permanecen.
Cuál no sería mi sorpresa, una tarde reciente, al encontrar más que un esqueleto en el Adriático; es más, el navío completo, descansando en el muelle, buscando todavía qué quiere ser... en un buen sentido.
Narrar la historia entera del Adriático corresponde a otros buzos; yo me topo a Germán Moya, quien heredó la misión hace unos años y es uno de los dueños. Ahora se encuentra puliendo la perla que le tocó, y la manera en que lo hace es conjuntando buena comida, buen ambiente y una agenda cultural que no deja de crecer.
¿Cultural? Pues claro. Tango, con Óscar López Salaberry; Luis Ángel Castro cantando; lunes de tertulia. Es decir: una agenda nutrida para ir a disfrutar de noches de una bohemia largamente perdida en San José, pero que puede renacer en rincones así.
Uno se asoma por la ventana y los neones, los carros y el viento le inspiran la música que escuchará: una noche especial, en un sitio especial.
Pero como aquella tarde pasé a comer, mi primer contacto fue con unas costillas al estilo coreano que me sorprendieron con su textura y la profundidad del sabor de su salsa, así como el excelente acompañamiento con el umami del pepino y la soya (hay alitas con el mismo acento). Luego, un ceviche delicado, una nubecita frente al mar.
“Los ticos somos un poco buenos para olvidarnos de las cosas, ¿verdad?“, dice Germán. ”Por eso hemos ido poniendo en las paredes un poco de la historia de barrio Luján y los hitos históricos de la zona para rescatarlo; en la primera parte del del siglo XX fue un lugar muy importante”.
Hoy, barrio de oficinas, empuja al Adriático hacia la mañana, no la noche que lo hizo famoso (igualmente cierra tarde, no se preocupe). Es decir: desayunos todo el día y almuerzo generosos. Algún público vendrá primero por el pinto abundante o el almuerzo completo, y al rato se antojará de venir de noche al concierto.
“En barrio Luján todo cambia, todo el tiempo”, dice el hombre al timón. En los meses que ha estado ajustando menú musical y menú gastronómico, distintos marineros han venido a parar acá. Pero es parte de defender una ciudad tan rara como San José, donde pese a todo, aun encuentra uno rincones tranquilos, agradables, sin drama, y con buena cuchara como el Adriático de hoy. “Hay un grupo de visionarios, diría yo, que pretenden salvar el área”, dice Moya.
Unas boquitas con carácter, un postre cálido para el café; el salón trasero, estrecho corredor de las casas viejas de San José, ofrecía una vista tan curiosa que me frenó más rato todavía. Es posible que barrio Luján siga cambiando, y para atajar el presente, el nuevo Adriático ofrece tertulias, libros, conciertos, otros eventos que nos recuerdan que esta ciudad aún respira y tiene historia.
No por la nostalgia, sino por el hoy: un Adriático nuevo, donde puede escuchar tango, jazz, romance y bolero en vivo (¡y tan raro que es escuchar música en vivo ahora en esta ciudad!), comer rico y ver cómo la noche cubre un San José que a veces parece hostil. Aquí no, aquí es tranquilo, mar calmo para la música, la bebida y la buena cocina.