Activista costarricense vive con alzhéimer y su hijo lucha por darle un último regalo: conozca su historia y cómo puede ayudar
Alejandra Cartín se sienta en la playa y el mar está en sus ojos. Allí siente la arena y la brisa, mientras oye el murmullo de las olas y la voz de su esposo.
Su mirada parece abstraída, fruto del alzhéimer que padece desde hace unos años, pero en ella se reflejan inmensidades: las de las aguas que observa, pero sobre todo las de sus adentros.
¿Recordará que ya estuvo allí en otras tardes? ¿Sabrá que quien le habla es su compañero de cinco décadas de lucha y vida? ¿Será que, tal cual el vaivén de la marea, le viene y se le va el entendimiento de lo que ella fue? Eso nadie lo sabe; pero de lo que no hay dudas es que en esa mujer los sueños viven con la fuerza de los siete mares.
Así lo cree con firmeza su esposo y también Alejandro Ferlini, el hijo de ambos. Él, desde unos pasos atrás, los mira a los dos, como cuando era el niño acurrucado en sus brazos, aunque esta vez con una cámara en la mano.
El tiempo les arrebata la tarde, pero el lente y el ojo de Alejandro burlan lo efímero y construyen un regalo que, él sueña, perdure por siempre. Todo empezó —igual que en ese instante— observando, varios años atrás, cuando él recibió la visita de sus papás en Argentina, país donde estudiaba cine.
La lejanía lo hizo más sensible a los matices, y así pudo notar que su madre estaba olvidando. Entonces, a Ferlini no le quedó duda de que, en adelante, todo su arte y esfuerzos tenían que ir en el sentido contrario, convirtiéndose en puentes del recuerdo.
Y este camino es hoy un documental titulado Aba (mote que cariñosamente le tienen los nietos a doña Alejandra), el cual Alejandro quiere entregar como ese último regalo de memoria a su mamá, de 69 años.
“Empezó con la idea de un cortometraje y con una dimensión más personal, de tener recuerdos de ella, que después los pudiéramos guardar como familia. Cuando regresé a Costa Rica, volví a vivir con mis padres y, entonces la cotidianidad con ella, el cuido para ella y tal, se transformó en una narrativa propia”, explicó el director tico.
“Creo que muy naturalmente, al dedicarme a esto de ser cineasta, con mi camarita, pues agarré y empecé a filmar muchos momentos de la vida cotidiana. Así me empecé a preguntar si de ahí podía salir una historia”, agregó.
Aba, el último regalo a la activista Alejandra Cartín, busca fondos
El proceso de grabación, coproducido por Aye Villanueva, inició en 2022 y, aunque ya todo está filmado, afronta uno de los retos más grandes. La postproducción, que incluye el diseño sonoro y la edición de imagen, representa más de un 40% del presupuesto total; dinero con el que de momento no cuentan.
“Esta etapa de corrección de color, musicalización y también diseño sonoro —que se harán fuera del país— son, por lo general, los procesos más caros. No es lo mismo que una película de ficción, que está todo más estructurado en el sentido de que se graban las escenas y se tiene para elegir. En el documental, la narrativa se termina de crear en la postproducción”, comentó.
Por esta razón, Ferlini, y el equipo involucrado en el largometraje, abrieron una campaña de recolección de fondos en la plataforma crowdfunding, la cual tiene por objetivo reunir $12.000.
El director hizo hincapié en que cualquier aporte es más que bienvenido y que también pueden colaborar con ellos fuera de la colecta, mediante el Sinpe Móvil 8371-2985 con el concepto “Aba”.
De momento, han recaudado $1.577, el 13% de la meta. Sin embargo, el anhelo del cineasta es que la campaña cierre con éxito en dos meses y que para julio la película ya pueda estrenarse.
“Es una película personal, sobre mi madre, sobre mi papá... En el caso específicamente de mi madre, que tiene una enfermedad, pues me gustaría que ella la pudiera ver. Y cuanto antes mejor, porque en estas enfermedades el tiempo tiene un gran impacto”, confesó.
La historia de Alejandra Cartín: sueños que siguen vivos tras cinco décadas de lucha
Hace 50 años, las páginas de La Nación daban cuenta de un ataque a balazos contra un grupo de estudiantes de la UCR en la reserva indígena de Cabagra, en Buenos Aires de Puntarenas.
Entre los heridos estaba Alejandra Cartin, para entonces una muchacha. También estaba en el grupo Héctor Ferlini, otro activista que, en su caso, resultó ileso.
Más allá de la agresión, Cartín, Ferlini y el resto de sus acompañantes denunciaron las deplorables condiciones a las que estaba marginada la población originaria de la zona.
Medio siglo después, esos dos jóvenes terminaron formando una vida y aquel reprochable ataque perpetrado por hombres que no se identificaron terminó siendo una de las tantas cicatrices de una vida entregada a sus principios.
Su presencia en ese lugar no fue casualidad. Años después acogieron a exiliados chilenos de la dictadura, continuaron su labor con pueblos indígenas y Alejandra siempre se mantuvo vigente en los movimientos feministas del país.
El activismo fue su eje transversal mientras Aba —quien en su juventud también se formó en el Taller Nacional de Danza— ejerció como psicóloga y pionera en las terapias alternativas.
A finales de 2021, Cartín fue diagnosticada en la CCSS con demencia frontotemporal, la misma que padece el célebre Bruce Willis. Pero aquello no fue una sentencia, sino más bien el punto de partida para dos viajes.
El primero fue a Cuba, donde un centro especializado les dio una respuesta más certera. En la isla descubrieron que Alejandra en realidad padecía de alzhéimer y, de paso, se les reveló la crucial diferencia que puede marcar en la vida el acceso a especialistas, tema que se aborda en el documental.
“En Costa Rica hemos tenido la suerte de tener un sistema de seguridad social y salud muy sólido, pero que se ha venido descuidando en las últimas décadas. Es muy importante cuidarlo porque, por ejemplo, un país como Cuba, con tantas limitantes, tiene un sistema de salud envidiable”, reflexionó el documentalista.
“Si en Costa Rica, que siempre hemos tenido tantas posibilidades en seguridad social gracias a la Caja, se le siguiera dando el presupuesto y la importancia que le tienen que dar, se podrían hacer también este tipo de centros donde muchas familias pudieran acceder al tratamiento de estas enfermedades”, agregó.
El segundo de los viajes fue hacia las profundidades, rumbo a eso que da sentido a la vida. Entre citas, diagnósticos y terapias, Alejandra se volcó a cumplir un sueño que siempre tuvo: presentarse como bailarina.
En sus ensayos para debutar en las tablas, mientras en ella se diluyen las memorias de tantos años, toma de la mano a su profesora y camina decidida hacia ese porvenir que tanto le entusiasmó.
Hoy, tras cumplir ese sueño artístico que brilla en la película, su movilidad es bastante reducida. Sin embargo, la musa sigue ahí, como uno de esos últimos cables a tierra.
“Mi madre casi que lo que hace todo el día es escuchar música y, hasta el día de hoy, aunque tenga casi que cero movilidad y cero habla, sigue repitiendo partecitas de canciones”, cuenta con cariño Alejandro.
“Incluso le pasa con canciones nuevas que han llegado a su vida después de la enfermedad y, al estarlas reproduciendo en su cerebro, las adapta. En eso es donde ella se siente feliz: escuchando música, moviendo aunque sea un poquito su pie, sus manos, repitiendo partes pequeñas de las canciones. Cada vez eso se está perdiendo más, pero es lo que más se ha mantenido vivo”, relata.
Con las notas y el tarareo, Alejandra teje su presencia que, cautivada, captura con gozo la cámara de su hijo. En cada fotograma, se dibuja un abrazo a la memoria de esa mujer; un abrazo con anhelo de engrandecerse tanto como para cubrir a todo aquel que lo vea.
“En este tipo de enfermedades neurodegenerativas se tiende a dejar a la persona a un lado porque ya no se puede comunicar, expresar o mover. En realidad, la persona sigue siendo la misma y tiene el mismo derecho de tener los cuidados que siempre tuvo como de cumplir sus sueños”, reflexionó el director de Aba.
“Eso quiero dejar claro con el documental: no abandonemos a estas personas, así como no abandonaríamos a alguien con cáncer. En nuestras posibilidades, hay que darle la atención y el cariño que se merecen”, sentenció.