En qué consiste la teoría TACO y cómo la está aplicando Trump en su política exterior
La guerra de Irán vuelve a arrojar incertidumbre sobre el tablero internacional. Gobiernos y mercados observan con preocupación el desarrollo de unas negociaciones que ponen en jaque la estabilidad de una región, así como la economía global. Irán y Estados Unidos se resisten a acercar posturas, mientras Donald Trump dicta sentencia a través de caóticas ruedas de prensa o publicaciones en Truth Social.
"Todo el país puede ser eliminado en una sola noche, y esa noche podría ser mañana", llegó a afirmar el errático presidente estadounidense horas antes de que se cumpliera el plazo para uno de sus ultimátums a Teherán, en uno de los momentos más tensos de conflicto en las últimas semanas. Tratar de adivinar cuál va a ser el siguiente paso del líder republicano se ha convertido en misión imposible para los analistas, y a su vez en parte de su estrategia política. En este contexto, ha vuelto a cobrar relevancia la teoría TACO, acrónimo de Trump always chickens out (Trump siempre se echa para atrás).
¿En qué consiste la teoría TACO?
Uno de los primeros en plantear la teoría fue Robert Armstrong, periodista del Financial Times, que en un artículo se hizo eco del "negocio TACO": inversionistas de todo el mundo aprovechaban para adquirir activos tras las amenazas de Trump, y cuando el inquilino de la Casa Blanca daba marcha atrás o rebajaba el tono, un movimiento bastante habitual, obtenían importantes beneficios al invertir cuando nadie se atrevía.
El presidente de EE UU ha cambiado su posición política en múltiples ocasiones. Poco después del inicio de su segundo mandato, la Administración Trump inició una guerra comercial, amenazando con imponer aranceles a casi todos los países del mundo en lo que bautizó como el 'Día de la Liberación'. Más tarde, el republicano reculó tras charlar con sus socios comerciales, lo que se tradujo en una reducción significativa de las tarifas que nuevamente quedó reflejada en bolsas de todo el mundo.
TACO y la guerra en Irán
Esta dinámica se ha repetido durante la guerra de Irán, y en especial con la reapertura del estrecho de Ormuz. Desde que el 21 de marzo Donald Trump dio 48 horas al régimen iraní para el desbloqueo, los ultimátums se han ido sucediendo.
Además de advertir de la aniquilación de una civilización, afirmó estar dispuesto a bombardear puentes e infraestructuras energéticas -lo que constituiría crímenes de guerra- para una vez más dar marcha atrás pocos minutos antes de que venciera el plazo establecido y anunciar que aceptaba "suspender los bombardeos y ataques contra Irán durante un periodo de dos semanas". Decisión sujeta a la apertura de Ormuz.
Más allá de las evidentes consecuencias económicas, las amenazas de Washington son interpretadas como una forma de negociación, basada en presionar al adversario con escenarios que no siempre son viables o están dispuestos a cumplir para así obtener sus objetivos, en línea con el habitual lenguaje grandilocuente del presidente de Estados Unidos.