En contra de lo que pronosticaron los profetas de la secularización a ultranza, la desaparición de la religión en las sociedades postseculares, la relación entre religión y política es uno de los temas más importantes de nuestro tiempo. Aunque el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, con su incontinencia característica, ha retirado de sus redes sociales la imagen que le identificaba con Jesucristo, no lo ha hecho con sus invectivas contra el Papa León XIV, que son también reflejo amplificado de lo que ha ocurrido en las conversaciones recientes entre la Nunciatura de la Santa Sede en Washington y la Administración norteamericana. En ese tira y afloja, ha aparecido en el escenario la referencia al exilio de Avignon (1309-1377), capítulo previo al Cisma de Occidente, la época de mayor debilidad institucional del papado, el período en el que los papas era considerados monaguillos de la monarquía francesa. Traer a colación, como dicen que hizo la administración americana, el exilio de Aviñón significa partir de la afrenta que Felipe el Hermoso le hizo a Bonifacio VIII cuando sus lugartenientes, de Guillermo de Nogaret y Scciara Colonna, le dieron una bofetada al Papa, en el atentado de Anagni (7-IX-1303), y considerar que el poder político puede secuestrar la libertad teórica y práctica del papado. Aunque esa situación se produjo también porque el caos reinaba en Roma. León XIV es un nuevo Agustín de Hipona que le recuerda a Trump que la paz es la tranquilidad de un orden basado en la justicia y la libertad, que el poder mundial tiene un límite, el que representa el papado como conciencia de humanidad, y que los imperios que han pretendido atentar contra el papa pasan, pero la Iglesia permanece. Trump no tiene delante a un norteamericano que es papa, sino a un suceso de Pedro, ahormado en la escuela de Agustín de Hipona, que fue enterrador de tiempos antiguos y anticipador de nuevos. La palabra del Papa, sea mucha o poca, está siempre ligada a la preservación de la doctrina de la fe y al ejercicio de la libertad de la Iglesia.