El «ejército europeo» que reclama Sánchez: ¿es posible hoy algo así?
En los cuatros meses que llevamos de 2026 muchas cosas han cambiado en el orden mundial. La segunda mitad de la década empezó con el secuestro de Nicolás Maduro a manos de Estados Unidos, y la campaña de este último país junto a Israel, contra el régimen de los ayatolás.
Esta guerra, que ha causado la muerte a miles de personas (incluido al líder espiritual de la república islámica) así como la destrucción de innumerables activos económicos está suscitando una transformación global.
El cierre del estrecho de Ormuz y la subsiguiente crisis energética han atenazado las economías mundiales, entre ellas las de la comunidad económica europea. Asimismo, y, por si fuera poco, Israel ha lanzado en paralelo una ofensiva contra el sur del Líbano para acabar, justifican, con los resquicios de los terroristas de Hizbolá.
Aviones estadounidenses
Rodeados por un panorama geopolítico tan poco propicio, Pedro Sánchez ha surgido como una figura política «incómoda» para los poderes tradicionales. Ha criticado a Estados Unidos y a Israel. Su «no» a participar en la campaña contra Irán permitiendo el uso de bases en la Península a los aviones estadounidenses ha arrastrado consigo a toda la UE. Pues otros países como Italia también se han negado en redondo.
La política no ha quedado concentrada en el entorno europeo, ya que ha ascendido hasta llegar a la OTAN, que parece estar herida de muerte tras los últimos comentarios del mandatario estadounidense, Donald Trump. El republicano ha acusado a sus «aliados» de traicionar a Estados Unidos por no apoyar su guerra.
A la vista de todos los hechos queda claro una cosa: la UE ya no puede fiarse de su tradicional aliado al otro lado del Atlántico. Desde hace décadas el Viejo Continente dejó en manos de Estados Unidos su defensa. Ahora eso está cambiando, primero desde la esfera moral y ahora se empiezan a ver los primeros brotes verdes en el ámbito político.
Hace unos días el presidente del Gobierno declaró en una comparecencia que la UE necesita con urgencia un ejército europeo. «No en diez o dos años. Ya, mañana mismo», ha dicho tajante el mandatario peninsular. No ha quedado aquí la cosa. Sánchez ha continuado diciendo que «en el mundo en el que estamos, potencias medias como son las que componen la UE solo tenemos una forma de hacernos valer desde el punto de vista de la seguridad y la defensa».
Ante tales palabras queda por preguntarse si es viable el construir un ejército europeo. Y por otro lado ¿cuál sería su contingente?, ¿qué material usaría?
100.000 soldados
Casi coincidiendo en el tiempo con el discurso de Sánchez, el director ejecutivo de la Agencia Europea de Defensa (EDA), André Denk, habló en un evento en Barcelona donde remarcó que la UE debe avanzar hacia una mayor autonomía estratégica. Otro alto cargo, Andrius Kubilius, comisario europeo de Defensa, ha evaluado la propuesta de crear un ejército permanente europeo. Según su análisis se necesitarían al menos 100.000 soldados, una cifra para nada escogida al azar, ya que sería el equivalente a la cifra de militares norteamericanos desplegados en el continente en distintas bases.
Estando de acuerdo con ambas autoridades, hay que profundizar en ambas afirmaciones. Avanzar hacia «una mayor autonomía» significa no depender de la industria armamentística estadounidense o de cualquier otro país.
Debería ser la industria europea la que se encargara de entregar toda la tecnología y material necesario. Por supuesto esto también se traduciría en que, por cuestiones de seguridad continental, no se vendiera a terceros países fuera de la UE la tecnología desarrollada.
En cuanto a los 100.000 soldados. A pesar de que es el número que sustituiría a los militares estadounidense, no sería suficiente. Lo importante de esos 100.000 soldados desplegados en Europa es a quién pertenecen, la máxima potencia militar mundial, no su número.
Por ello, el ejército común debería estar integrado por un número superior a ese y lo que es igual de importante –y ya mencionado–: asistido por una industria que le proveyera de todo lo necesario para ser una fuerza de combate real, práctica y con posibilidades de disuadir a los potenciales enemigos de la UE.
Hoy la comunidad europea ha incrementado su gasto en defensa debido a las presiones de Estados Unidos. El año pasado se alcanzó la cifra récord de 454.000 millones de euros. Destinados a adquirir material (extranjero) y mejorar los servicios. Ese inmenso presupuesto podría servir de punto de partida para este ingente proyecto.
No obstante, y aparte de los requerimientos económicos, para nosotros el mayor escollo es darle a ese ejército un sentido, una razón de ser. Es evidente que defenderán los intereses de la UE, pero ¿cuáles son estos?, ¿qué lugar tiene la comunidad económica en el mundo?, ¿tendrá disuasión nuclear?
Responder a estas preguntas es clave para forjar esas futuras fuerzas armadas europeas, pues no todos los países tienen los mismos intereses.