Como cada 14 de abril, nostálgicos 'divisivos', cada vez menos, conmemoran la II República y, lo mismo que en numerosas manifestaciones de izquierdas, reaparecer banderas republicanas. Ojo, de la II República, ya que la I República mantuvo la roja y gualda como bandera nacional. Como militar que soy, recurro a otro militar, nada sospechoso, el general Vicente Rojo, Jefe de Estado Mayor del Ejército Popular de la República durante la Guerra Civil, quien fue muy crítico con la bandera tricolor, calificando su adopción como un grave error: «Ni inconmovible, ni imperdurable ni eterna es la bandera tricolor, porque no nació del pueblo, sino de una minoría sectaria». Rojo sostenía que la II República no creó un símbolo para todos, sino uno «de lucha partidaria», y consideraba que el cambio de bandera fue un «artificio» que consiguió «dividir estúpidamente a los españoles». No deja de sorprenderme cómo desde hace años persiste la presencia de estas banderas en público, transcendiendo su simbolismo para convertirlas en herramientas o motivos de confrontación. Su uso no busca simplemente honrar un periodo histórico, sino cuestionar la legitimidad de la Constitución de 1978, convirtiendo su exhibición en un ejercicio de revanchismo que, curiosamente, está protegido por la libertad de expresión mientras que la 'franquista' es un símbolo perseguido por su 'carácter antidemocrático', aunque ambas funcionen de idéntica manera en la calle, como potentes elementos de polarización que reavivan conflictos que ya estaban superados por la Transición. Félix Eugenio García Cortijo. Coronel de Infantería DEM (R) Sin poner en duda los éxitos militares, y por los resultados obtenidos, parece que Donald Trump ha perdido el tiempo. Sigue en el poder el régimen terrorista y sanguinario de Irán y el estrecho de Ormuz se abre con el cobro de peajes carísimos a cada petrolero que quiere pasar, siendo antes gratuito; Trump se ha enemistado con sus socios de la OTAN, los países del Golfo han sido golpeados y, aun teniendo un moderno armamento, vendido por Estados Unidos, no han querido contestar a las tropelías iraníes. Ha conseguido Trump que colas de iraníes acudan a los puentes y las centrales eléctricas, colas que estaban formadas por yihadistas, terroristas y presos a los que reclutó el Gobierno de Teherán. También ha logrado Trump la burla y el desprecio de Irán, que quema la bandera de EE.UU. conjuntamente con la israelí, y además le exige indemnizaciones por lo destruido, aunque Irán sacará millones de los peajes a los petroleros y así se podrá armar más intensamente, exigiendo también que pueda volver a enriquecer el uranio, o sea, más de lo mismo. Sin ninguna acritud hacia nadie, creo que en la guerra de Gila este lo hubiera hecho mucho mejor. Francisco Javier Sotés Gil. Valencia