Candida auris y Aspergillus: los "superhongos" que ponen en jaque a la sanidad mundial
Las resistencias antimicrobianas son uno de los grandes problemas de salud pública, ya que dificultan la eficacia de los tratamientos en enfermedades causadas por virus, bacterias, hongos, etc. En el caso de las infecciones causadas por hongos, existe un cierto hándicap por falta de visibilidad y apoyos globales, por lo que en los últimos años la comunidad investigadora de micología científica y médica está impulsando iniciativas que generen una mayor conciencia científica y social en torno a las resistencias a los medicamentos antifúngicos.
Más de 50 expertos de 16 organizaciones internacionales suscribieron en la revista Nature Medicine un manifiesto que plantea una respuesta coordinada a nivel global frente a la resistencia antifúngica, "un problema emergente que ya está comprometiendo la eficacia de los tratamientos disponibles", según informó este martes el Instituto de Salud Carlos III (IscIII).
Entre los firmantes se encuentra Ana Alastruey, científica del Laboratorio de Referencia e Investigación en Micología del Centro Nacional de Microbiología del IscIII, cuya participación" refuerza el peso científico de una iniciativa que aspira a situar este fenómeno en el centro de la agenda sanitaria internacional".
Este manifiesto incluye "un plan de acción concreto, basado en cinco pilares, para mejorar la vigilancia y frenar el avance de la resistencia a los antifúngicos", con especial foco en pacientes inmunodeprimidos o especialmente vulnerables.
Los cinco ejes sobre los que se asienta el plan son: concienciación y formación, el refuerzo de la vigilancia, la prevención y control de infecciones, el uso optimizado de antifúngicos y el impulso de la inversión en diagnóstico e innovación terapéutica.
El objetivo, subrayan los autores, es "impulsar medidas concretas urgentes coordinadas de manera global", en un contexto en el que las resistencias antimicrobianas "se consolidan como una de las principales amenazas para la salud pública mundial.
Los hongos están por todas partes
En este sentido, advierten de que el problema afecta de forma desigual a la población. Mientras que en personas sanas las infecciones fúngicas suelen tener consecuencias leves, en pacientes con sistemas inmunitarios debilitados pueden derivar en cuadros graves e incluso mortales.
Son diversas las especies de hongos pueden causar infecciones en personas. Los hongos cutáneos suelen producir afecciones leves, como el pie de atleta o las infecciones de las uñas. Sin embargo, están emergiendo cada vez más especies persistentes y resistentes a los tratamientos, como Trichophyton indotineae, que puede causar infecciones graves en la piel difíciles de tratar.
En el ámbito hospitalario, 'Candidozyma auris' representa una amenaza especialmente preocupante, al poder provocar infecciones graves del torrente sanguíneo en pacientes vulnerables, con una letalidad que alcanza aproximadamente a uno de cada tres afectados.
También preocupa el hongo 'Aspergillus fumigatus', cuya resistencia a los medicamentos denominados azoles se ha detectado a nivel global y "compromete de forma significativa las opciones terapéuticas disponibles".
Fungicidas agrícolas
"La resistencia a los antifúngicos es una amenaza emergente que ya está teniendo un impacto directo en la morbimortalidad de los pacientes", explicó Alastruey, quien subrayó que su abordaje requiere "una respuesta coordinada que integre la vigilancia, el diagnóstico y la prevención desde una perspectiva One Health".
La resistencia a los antifúngicos no se desarrolla únicamente en los hospitales, sino principalmente en el medio ambiente, donde el uso de fungicidas en agricultura (muchos de ellos con mecanismos similares a los antifúngicos de uso médico) favorece la aparición de hongos resistentes que posteriormente pueden causar infecciones más difíciles de tratar en los pacientes. "Este uso compartido de compuestos antifúngicos pone de manifiesto la estrecha interconexión entre el medio ambiente, la sanidad animal y la salud humana", señalan los firmantes, que reclaman una mayor integración de estas dimensiones en las políticas globales frente a la resistencia antimicrobiana.