Las parteras y el reto de detectar el Chagas en el embarazo
Un proyecto en zonas rurales de Guatemala busca mejorar el acceso al diagnóstico durante el embarazo, fortaleciendo el vínculo entre las comunidades y el sistema de salud.
En América Latina, muchas mujeres cursan sus embarazos con infecciones que pueden transmitirse a sus hijos sin ser detectadas a tiempo. Enfermedades como el VIH, la sífilis, la hepatitis B y C o el Chagas pueden permanecer sin diagnóstico durante la gestación y generar consecuencias evitables en los recién nacidos, especialmente en contextos donde el acceso a la salud es desigual.
Entre estas enfermedades, el Chagas sigue siendo una de las más invisibilizadas. Es una enfermedad parasitaria crónica que tiene gran impacto en la salud materno-infantil y cada 14 de abril, en el Día Mundial del Chagas, se pone en agenda esta problemática que aún enfrenta importantes barreras de acceso.
Según la Organización Mundial de la Salud, se calcula que en el mundo hay entre 6 y 7 millones de personas con la infección, la mayoría en América Latina, muchas de ellas sin diagnóstico. Puede transmitirse de madre a hijo durante el embarazo o el parto y, sin detección oportuna, permanecer silencioso durante años.
En este marco, nueve países de Iberoamérica llevan adelante la Iniciativa Iberoamericana “Ningún bebé con Chagas”, un programa de cooperación para eliminar la transmisión materno-infantil de la enfermedad para el año 2030. La iniciativa, impulsada por la Secretaría General Iberoamericana (Segib), cuenta con el acompañamiento de la Organización Mundial de la Salud, la Organización Panamericana de la Salud y Fundación Mundo Sano, a cargo de acompañar su implementación, generar evidencia y facilitar la articulación entre países.
Luego de cinco años de planificación y construcción regional, Guatemala se convirtió en el primer país en implementar una acción concreta en territorio. La implementación es liderada por el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, con el acompañamiento de la Organización Panamericana de la Salud, la Comunidad de Castilla-La Mancha (España) y el apoyo técnico de Mundo Sano.
En el oriente de Guatemala, este desafío adquiere una dimensión concreta. En zonas rurales, donde las distancias son largas, algunos caminos son de difícil acceso y el transporte es escaso, muchas mujeres dependen de redes de cuidado que existen dentro de sus propias comunidades. Ahí aparecen las comadronas.
Su trabajo empieza en los hogares. Acompañan los embarazos, escuchan, observan y detectan señales de alerta. Son referentes comunitarias que sostienen vínculos de cuidado donde el sistema de salud, sencillamente, no llega. Esa cercanía las convierte en un puente clave entre las comunidades y los servicios de salud.
En amplias regiones de las Américas, la prevención de la transmisión materno-infantil del Chagas no depende únicamente de contar con diagnóstico y tratamiento. Los principales desafíos siguen siendo que las mujeres embarazadas accedan a tiempo a esos servicios.
Este acompañamiento resulta especialmente relevante en enfermedades como el Chagas, en que el diagnóstico durante el embarazo permite identificar a tiempo a las mujeres con infección, asegurar el seguimiento del recién nacido y garantizar su testeo y tratamiento oportuno en caso de ser necesario.
Uno de los ejes centrales del proyecto es integrar el Chagas dentro de los controles prenatales, junto con otras infecciones de transmisión vertical, avanzando hacia una atención más integral. Para que esto funcione, es importante que la oferta sea única y universal para todas las mujeres embarazadas. El Chagas tiene que estar dentro de ese paquete de atención.
De la capacitación a la práctica cotidiana
Para que este rol se sostenga en la práctica, el proyecto incorpora formaciones prácticas para fortalecer capacidades en situaciones reales de atención. Los materiales se desarrollaron a partir de un proceso de cocreación junto a comadronas y equipos de salud locales, integrando saberes comunitarios, experiencias concretas y formas de comunicación propias del territorio.
De este trabajo surgieron recursos con pertinencia cultural, como guías visuales, que facilitan la comunicación de contenidos clave en contextos donde predominan los lenguajes orales y visuales. Porque más allá de la intervención puntual, la experiencia en Guatemala aporta aprendizajes concretos sobre cómo fortalecer el primer nivel de atención desde el territorio.
Al final, el desafío no es solo contar con herramientas diagnósticas y tratamientos efectivos, sino lograr que lleguen a tiempo a quienes más las necesitan. Mejorar el acceso efectivo no depende solo de ampliar la oferta de servicios, sino también de reconocer y fortalecer los vínculos que permiten que las personas los utilicen.
Marina Gold es directora ejecutiva de la Fundación Mundo Sano, Unidad Técnica de la Iniciativa Iberoamericana “Ningún bebé con Chagas”.