Lamine Yamal (18 años) salió al Metropolitano portando el peso de todo un club con 126 años sobre sus jóvenes espaldas. Lo había aceptado en la previa y durante el partido no le temblaron ni el pulso ni las piernas. El de Rocafonda sabía que gran parte de las opciones del Barça pasaban por sus botas y se conectó rapidísimo al partido. De hecho, a los 33 segundos ya puso a prueba a
Musso, el fantástico sustituto de
Oblak.
Lamine ya había dejado su sello de entrada y había metido el miedo en el cuerpo a todo el estadio. Y poco después, en el minuto 4, ya silenció el templo rojiblanco con un gol que generó él mismo. Estuvo muy atento a
Lenglet, que se despistó y quiso dar el balón hacia atrás, se lo quitó, conectó rápidamente con
Ferran Torres y el valenciano se lo devolvió dejándole solo, cara a cara con
Musso. Y el canterano del Barça lo batió con un tiro suave bajo sus piernas. Era el gol que dejaba claro que no hacía falta un milagro sino jugar bien, con intensidad y con efectividad en el remate.
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