Uno de los tipos más brillantes de mi instituto se fue a trabajar a Silicon Valley hace unos años. La última vez que nos vimos nos contó que su startup, allá en California, desarrolla una IA especializada en la lucha contra la corrupción. Lo cosimos a preguntas por lo fascinante que nos pareció el proyecto, pero él nos desinfló el entusiasmo, no de llegar a alcanzar la democracia impoluta, sino de que la idea fuera originalísima. «No, no somos los primeros en inventar nada». Al parecer, la expresión es un flagelo típico en el mundo de la tecnología (como en el resto): pionero, pionero en una idea, a estas alturas, no es nadie. Nos recordó, por ejemplo, que el año...
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