Samir Nasri vuelve a estar en el foco, esta vez lejos del fútbol. La justicia francesa investiga al exinternacional por un presunto delito de fraude fiscal tras detectar una contradicción difícil de justificar: en 2022 declaró residir en Dubái, pero ese mismo año realizó hasta 212 pedidos de comida a domicilio en París . Un rastro cotidiano que ahora se ha convertido en una prueba clave para el fisco. La investigación parte del análisis de sus movimientos y consumos en Francia durante ese ejercicio. Según las autoridades, ese volumen de pedidos —casi uno cada dos días— apunta a una presencia habitual en la capital francesa incompatible con su estatus de residente en el extranjero. La legislación fiscal gala es clara: para tributar fuera del país es necesario acreditar una residencia efectiva, algo que en el caso de Nasri está ahora bajo sospecha. El exjugador, retirado desde 2021 tras una carrera que le llevó por clubes como el Arsenal, el Manchester City o el Sevilla, podría enfrentarse a una sanción millonaria si se confirma el fraude. Las estimaciones apuntan a una posible multa superior a los cinco millones de euros , además de la regularización de los impuestos no abonados. El caso se encuentra en fase de instrucción, aunque las evidencias recopiladas han sido suficientes para abrir diligencias formales. Más allá de la investigación, el episodio encaja en una trayectoria marcada por la polémica. Nasri ya fue protagonista durante su etapa en activo por sus enfrentamientos con la prensa francesa y su ausencia en la Eurocopa de 2016, además de la sanción de la UEFA en 2018 tras el conocido episodio de la clínica de Los Ángeles , cuando militaba en el Sevilla. Retirado desde 2021, su nombre ha seguido apareciendo más por cuestiones extradeportivas que por su legado en el campo. Esta vez, por algo tan cotidiano como pedir comida a domicilio.