No diré que ya le hemos pillado la postura a la anomalía, pero casi. Son dos años largos de llevar la felicidad extraviada en el futuro. Venimos de celebrar una Nochevieja con botillería hidroalcohólica y discoteca de ‘facetime’, que es como atravesar una verbena de ralentí. He mirado mucho por la ventana, durante la cena, y su órbita previa, o posterior, y he visto el devenir de otras cenas vecinales, donde todo tenía algo de picnic diezmado, de ocasión caída, de trasnoche sin molestar al vecino de abajo, de rara resaca antes del segundo plato. Había ganas de pasarlo bien, pero como que no se encontraba la manera. Resultó, yo creo, la Nochevieja, una noche entre paréntesis, que es como...
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