El domingo 1 de noviembre se celebra el Día de Todos los Santos . Esta fecha tiene una gran carga emocional para muchas familia españolas, que se reúnen en torno a este día para recordar a sus seres queridos fallecidos. Recuperan tradiciones centenarias en nuestro país como visitar los cementerios y limpiar los sepulcros. De forma paralela se rescatan muchas costumbres gastronómicas . Este día de recuerdos, otoño y familia, tiene un sabor dulce. Los postres típicos que se preparan este día son los buñuelos de viento , los huesos de santo, los panellets y las teresitas de sartén, entre otros. El dulce corona el menú de Todos los Santos, mientras la parte saladas corresponde a las gachas y las castañas asadas. Los buñuelos, en concreto, son uno de los postres que se disfrutan en torno al 1 de noviembre. También se toman en Navidad. Se tratan de unas bolas fritas hechas de harina, leche que se rebozan en azúcar o azúcar glas. Otra opción popular es rellenarlos de nata montada, crema pastelera, chocolate o cabello de ángel. Se venden por decenas en las reposterías cuando se acerca el mes de noviembre, aunque muchas personas prefieren prepararlos en casa. Los buñuelos caseros siguen una receta sencilla , con pocos ingredientes y utensilios , que permite que cualquiera pueda hacerlos para el puente de Todos los Santos. con Al contrario de lo que ocurre que algunos platos tradicionales, los buñuelos no tienen una receta única a seguir. Cada persona los prepara con unas medidas de harina, agua y huevos a su gusto. Nosotros hoy destacamos la receta del chef Enrique Sánchez , conocido por su programa de cocina en Canal Sur. El cocinero compartió el año pasado, en torno a estas mismas fechas, su receta clásica de buñuelos de viento . Esta es la esencial, si bien se puede adaptar a los gustos de cada repostero y hogar, incluso con sabores más potentes como la morcilla o el bacalao. Enrique Sánchez utiliza cinco ingredientes básicos : yogur, huevo, azúcar, levadura química y harina. Sobre ellos, propone variaciones posteriores que comentamos a continuación. Las medias son inexactas, como él bien aclara: «Como en todas las recetas antiguas, aquí no hablamos de gramos ni nada». Se comienza con un yogur natural. Se echa en un bol y se comienza a remover, para integrar el resto de ingredientes. «Un yogur que puede ser natural, azucarado, de limón, de coco , de lo que quieras. Tú dices 'Oye, los buñuelos me gustan de fresa o tengo un yogur de fresa', pues de fresa, que no pasa nada», aclara. Se le añade un huevo y azúcar. «Normalmente si el yogur era natural pues no se le ponía azúcar». Una cucharada sopera o dos chucharaditas son suficientes. El chef añade a continuación la levadura química: «Le ponemos como una cucharilla de café —de tamaño—. Una cosita así». Como a él le gustan los buñuelos con un ligero sabor a vainilla, añade a la mezcla «extracto de vainilla para darle un toquecito . Esto es cosa mía que le he añadido, la receta que me dieron no lo llevaba, pero lo digo con la boca chica». Otra idea clásica y popular para dar un sabor especial a los buñuelos de viento que propone Sánchez es la ralladura de naranja. «Puede ser también de limón, dos cucharadas aproximadas, no hay que poner mucho más, unas dos cucharadas de jugo de naranja». «Nada más de cómo huele tiene que estar bueno ya así», comenta sobre el olor de la masa cruda. La mezcla con ayuda de una chuchara de cocna o una espátula, sin acudir a las máquinas eléctricas que son tan útiles hoy en día. «No hace falta, como veis, ni batidora ni nada . Mezclamos bien, sobretodo por el huevo. Cuando lo tenemos bien mezcladito nos vamos al lío con la harina» Termina la masa de buñuelos con un vaso común de harina. Lo añade de a pocos, primero medio vaso y luego el medio restante. Debe quedar una masa «cremosa» , «que no tenga nada de grumo». El propio Enrique reconoce que «es súper fácil esta receta y huele muy bien». Enciende una sartén con aceite para freír la masa. Se ayuda de dos cucharas para formar bolas del tamaño de un bocado y las echa al fuego, sin reposo ni frío previo. «Es algo importante, yo siempre lo digo, yo los hago pequeñitos» , aclara, para que se cocinen de forma uniforme y sean manejables entre el aceite caliente. «Se pueden hacer grandes», reconoce, pero ese tamaño tiene un contra: «Los buñuelos si no los dejas que se doren mucho, lo que ocurre es que se desinflan después. Entonces tienes que hacer que la corteza se ponga crujiente» . Es más fácil que la masa se fría correctamente cuando la bola es pequeña, además de que asguras que se cocine el interior y no quede crudo. Cuando lo saca del aceite, los termina con «un poquito de nieve por encima», espolvoreando azúcar glas hasta conseguir el efecto nevado. Al terminar, hace un resumen las elaboraciones y cantidades : «Unos buñuelos rapidísimos, receta de la abuela de toda la vida, sin pesos ni nada. Para la masa de los buñuelos, batir suavemente con la varilla un yogur, un huevo, una cucharada colmada de azúcar, una cucharilla de levadura química, un poco de extracto de vainilla, ralladura de naranja y dos cucharadas del jugo de esta. Incorporar 150 gramos de harina y mezclar con la varilla de forma lenta, obtener una mezcla cremosa que vamos a freír con ayuda de dos cucharillas en aceite a temperatura media-alta hasta que estén bien dorados nuestros buñuelos».