Por aquel primer "hay que volar" que llenó de esperanza hasta a los más suspicaces. Por apostar por
Joan Garcia cuando era suplente de
Fernando Pacheco en Segunda División. Por aquella imagen en el autobús, camino a la final del playoff ante el Real Oviedo. Por la de después, llorando a lágrima viva a hombros de la afición. Por un ascenso que, de no haberse producido, hubiese puesto en serio peligro la supervivencia del club. Por esas carreras por la banda del RCDE Stadium. Por aquel triunfo mágico sobre el Real Madrid. Por una permanencia con un valor incalculable. Por una primera vuelta que revivió por unas semanas el sueño europeo. Por revertir a tiempo una racha que amenazó con llevárselo todo por delante. Por ayudar a
Roberto Fernández a convertirse en internacional español. Por 107 partidos defendiendo a una entidad que hoy cumple 126 años. Por enseñarles a cientos de entrenadores que se puede tocar el cielo viniendo desde el barro. Por la sonrisa después de cada "señor González" en rueda de prensa. Por todo, gracias,
Manolo.
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