La vida militar a menudo se puede comprar con una vocación a la vida consagrada . Ambos caminos vitales se escojen desde una convicción profunda y exponen a la persona a grandes sacrificios personales. Las semejanzas también se encuentran en la obediencia, la uniformidad y la entrega por un bien superior a uno mismo. Estefanía conoce ambas realidades en primera persona, porque ha formado parte del Ejército y la Guardia Civil y ahora está en proceso de entrar en un monasterio de clausura. Esta joven es aspirante a monja de clausura en las clarisas . A lo largo de septiembre dejará su piso, sus posesiones y su uniforme para aceptar una misión divina dentro del convento. Antes de conocer a Jesús y descubrir su vocación consagrada, Estefanía ya entendía que estaba hecha para cuidar a todo el mundo: «Estudié Derecho. Después fui primero a la Legión , estuve un año y medio en el Aire y después entré en la Guardia Civil». La protección física de las personas pronto se convirtió en una protección espiritual. Recuerda cómo ha sido su camino de conversión y discernimiento en el podcast ' Vuelo de Águila '. Todo comenzó hace un par de años, cuando ya había hecho el camino hasta la Guardia Civil, y asistió al velatorio de una conocida de su tiempo en la Legión. La fallecida había muerto repentinamente después de dar a luz a los 27 años: «Llegué allí y vi muchas monjas, muchos sacerdotes, muchas familias, muchos amigos. Aquello estaba lleno y estaban rezando». Esa fue su primera experiencia de la esperanza cristiana. «No había dolor», recuerda, « vi el testimonio de un montón de gente que rezaba unida , de una iglesia orante». Ese día volvió a casa llorando por su pérdida «pero sabía que era por algo más, no sabía el qué, pero algo más. Algo había empezado ahí a trabajar». Estefanía comenzó a ir a misa y a catequesis de forma progresiva pero constante. «Al igual que no me levanté una mañana y dije 'Voy a ser cristiana , voy a seguir a Jesucristo'. Tampoco me levanté una mañana y dije 'Lo tengo, seré monja de clausura'», confiesa. Con el tiempo recibió la Primera Comunión y la Confirmación. Su interés por las cosas de Dios fue creciendo y no se saciaba con las catequesis de su parroquia, así que se matriculó en Ciencias Religiosas en la Universidad Eclesiástica de San Dámaso. «Yo me había enamorado , pero todavía no lo sabía. Es como cuando te enamoras, ¿no? Tú quieres conocer a toda su familia, sus amigos, que todo el rato te hablen de él, tú quieres todo el rato hablar de él. Lo que buscaba en Ciencias Religiosas era esto. Yo quería que todo el rato estar en un ambiente de rodeada del Señor», recuerda. A medida que Estefanía se acercaba más a Dios, más estaba presente en su vida la vocación de ser monja. «Ya de adulta no había conocido monjas, excepto en el tanatorio», hasta que se las encontró en la universidad. «Aquello me empezó a llamar la antención. Eran jóvenes y alguna no llevaba hábito», refiriéndose a las consagradas del Regnum Christi. Enpezó a plantearse todos los 'quizás', 'y si', 'a ver si es que'. Estas preguntas coincidieron con una etapa delicada de su vida personal. Estefanía tenía un novio estable en ese momento. La opción de ser monja pasaba por romper con este chico al que quería de corazón: «Todo esto fue muy difícil porque yo seguía teniendo pareja, seguía anclada y me resistía a dejar aquello ». A nivel profesional, la renuncia no fue más sencilla. «Yo quería seguir teniéndolo todo: mi noviazgo, mi trabajo... Pero en mi caso, mi llamada lo quería abarcar todo». Estefanía reza intensamente y confía a Dios el porvenir de su vida, tanto profesional como personal, y al hacer firme esa entrega se le reveló cuál era su lugar. Un día se encontraba rezando al terminar la misa y descubrió que no quería volver a casa. Deseaba pasar la noche rezando , junto al sagrario. «Yo empecé a pensar '¿y si duermo aquí?'. Le digo al párroco que me deje pasar la noche aquí y mañana me voy a trabajar», revela. Esa luz del Señor le anunciaba la vía contemplativa. La dirección espiritual con un sacerdote le ayudó para entender cuáles eran los planes de Dios cuando ella solo veía dudas y miedo. Le contó sus experiencias espirituales a un sacerdote, «como una niña pequeña superemocionada», que le aconsejó prudencia. Él le animó a conocer la vida de las contemplativas, porque veía en Estefanía una sed de «intimidad» con el Señor . Antes hemos adelantado que Estefanía es aspirante a monja de clausura en la Orden de Santa Clara. Lleva un año y medio de discernimiento más profundo, en el que le ha dado tiempo a ver con claridad que su lugar está con las clarisas. « El verano pasado estuve 15 días con ellas, dentro . Desde el principio como que no tuve ninguna duda», declara. Aunque ha conocido otras órdenes, como la de las carmelitas, «ahí no es». Ha renunciado a la condición de Guardia Civil, una salida que es definitiva, confiando en que el convento le dará la felicidad que no ha encontrado como civil. En este tiempo de cambio ha experimentado que la vida espiritual se basa en el 'dejarse hacer', cuando la carrera profesional sí depende de una búsqueda activa de ascensos y oportunidades. Estefanía termina su testimonio cpn una reflexión sobre el papel de los consagrados en la Iglesia y el mundo: «Yo lo pienso como una entrega, pero no para mí, que también, sino una entrega para los demás », asegura. Antes, como militar, velaba por la salud física de millones de personas. Ahora, es su madrina espiritual y forma parte de la milicia del Cielo, 'militia Christi', en el combate entre el bien y el mal que se libra dentro de cada uno de los hombres.