El tiempo sube de precio otra vez
Edward Chancellor, historiador financiero y antiguo gestor de «hedge funds», escribe en «El precio del tiempo» (Deusto) que «el tipo de interés refleja la impaciencia colectiva de la sociedad o su preferencia temporal». El precio del dinero es una de las armas, aunque no la única, contra la inflación, que es la gran amenaza de la prosperidad, del valor del dinero y del poder adquisitivo, sobre todo de los más desfavorecidos de la sociedad. El IPC en España ya ha escalado hasta los altos del 4,3% y en la eurozona también ha subido hasta el 3,3%. Eso significa que el Banco Central Europeo (BCE), con toda probabilidad, subirá los tipos de interés este mismo mes, como avanza el euríbor, que repercute, de forma directa, en los millones de hipotecas a tipo variable que hay en España. El alza no es dramática, ni mucho menos, y todavía tampoco dolorosa, pero sí incómoda. Para el crédito hipotecario medio –las medias son lo que son– representa algo menos de 70 euros al mes, algo que no debería ser dramático para quien se ha endeudado, con prudencia, a quince, veinte o más años.
El problema llegaría si la inflación mantiene su espiral alcista a ambos lados del Atlántico. En Estados Unidos también está en el 3,3%, un porcentaje –con tendencia al alza– inadmisible. La pelota está en el tejado del nuevo presidente de la Reserva Federal (Fed), Kevin Warsh, colocado ahí por Trump, pero que es consciente del problema. Su dilema es si, también allí, sube o no los tipos de interés. Existe la alternativa de reducir el balance de la Fed –destruir parte del dinero creado de la nada, sobre todo en tiempos de pandemia–, pero tampoco está claro que opte por esa opción. Lo hizo en los últimos meses del anterior presidente, Jerome Powell, pero ha vuelto a las andadas, aunque de forma moderada. El BCE también tiene esa baza en la mano y la juega desde hace algún tiempo con prudencia, porque algunas economías europeas no están para bromas, incluida la española, diga lo que diga Sánchez. Ahora, lo inminente, sobre todo para evitar males mayores, es una o más subidas de los tipos de interés. Dolerá, en primer lugar, a los hipotecados, pero es preventivo y el reflejo de la preferencia temporal de una sociedad, como escribió Chancellor.